Versos Spanish Carolina Coronado Águila Altiva, Que La Nube Asaltas

Spanish poem

Águila Altiva, Que La Nube Asaltas

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Águila altiva, que la nube asaltas y en la cumbre a mirar al sol te atreves; águila rauda, que los mares saltas cuando las alas anchurosas mueves; águila audaz, que en las regiones altas la hiriente lumbre de los astros bebes; águila reina, ya tiene el espacio rival que te dispute tu palacio. Si hallaras por acaso en tu elemento veloz cruzando por las propias vías al hombre que se eleva al firmamento «vive Dios, al pasar, le gritarías, que ni libres están, genio avariento, de tus asaltos las regiones mías; venció tu brazo cuanto halló en la tierra ¿y ora viene a mover al cielo guerra?» Sí, sí, corcel para correr el suelo, ligero pez para salvar los mares, es águila atrevida para el cielo el libre ser que en tu camino hallares; déjale remontar contigo el vuelo que de estrellas tal vez nuevos millares cuando más huya la terrestre esfera va a descubrir en su feliz carrera. ¿Qué vales tú si allá de las alturas las bellezas que alcanzas no nos cuentas? ¿Qué importa cuanto ves en las anchuras que mides con tus alas turbulentas si nuevas no nos das a las criaturas que estamos de saber aquí sedientas, si un himno a la creación por obra tanta jamás tu pico inexpresivo canta? Mas aquel otro ser que el éter hiende sube ya a comprender tanta belleza, y del nuevo prodigio que sorprende bajará a relatarnos la grandeza; ya por cima del mundo se suspende a contemplar la gran naturaleza, y si le place el mar, su vuelo ataja y como el ave acuática al mar baja. Y cual vapor del mar se eleva luego y con las nubes por los aires gira, del encendido Can resiste el fuego, del furioso aquilón sufre la ira; sus fuertes alas en su presto juego salvan al hombre que asombrado mira allá por bajo de suspies tendido el monstruo enorme de quien es nacido. Como naturalista observa atento de ignorado reptil la forma extraña; el hombre aquel verá, pegado al viento, como es la tierra que el Océano baña; del polo ignoto, de viviente exento, escrutará, tal vez, la oculta entraña, y tal verdad puede alcanzar su idea que la ciencia de ayer fábula sea... ¡Tanto saber...! ¿si escalará tu estancia esta turba, Señor, de inquieta gente? ¿No pusiste, gran Dios, harta distancia entre tu solio y nuestro genio ardiente? No lograremos ¡ay!, por mi constancia el triunfo de encontrarte frente a frente, mas libres ya sobre los aires vamos; ¡Gloria porque a tu sol nos acercamos!