Spanish poem
A Vosotros Que Dais A Lo Pasado
A vosotros que dais a lo pasado un culto apasionado arrancando; señores, del olvido las gloriosas hazañas del pueblo en sus campañas, batiendo a los franceses atrevido, A vosotros que un bello monumento con generoso intento alzáis sobre los campos de la Albuera, para que no olvidada tan famosa jornada queda en la edad remota venidera, A vosotros sus tímidos acentos hoy por breves momentos a dirigir se atreve mi poesía; oídme atentamente, que en mi entusiasmo ardiente la disculpa hallaréis de mi osadía. ¡Oh sí! que al pronunciar el alto nombre del más ilustre hombre que ha visto el sol, mi corazón se inflama, y juzgo que abrasado su pueblo idolatrado también se siente por la propia llama. Os hablo de Cortés en alabanza, aunque el numen no alcanza al remontarse al cerco de su luna: pues llena de sonrojos con el llanto en los ojos he visto al pueblo donde fue su cuna. Y ¡oh vergüenza! ¡vergüenza! allí olvidada y a su primera morada asilo de las pobres golondrinas, sin un solo letrero este otoño primero va a desplomarse en míseras ruinas, Y ¿qué nos quedará de tanta gloria si esa débil memoria furioso el aquilón nos arrebata? ¿Qué de tantos honores como nos dio, señores, en cambio le dará su tierra ingrata? ¿No tendrá entre sus mármoles Castilla una piedra sencilla donde su ilustre nombre coloquemos? Con nuestras propias manos guerreros y artesanos y... hasta las damas a grabarlo iremos. Más trabajo, más pena, más fatiga en la tierra enemiga pasó el gran capitán por darle sólo a su patria grandeza por hacer que en riqueza fuera el reino mayor de polo a polo. Por él fue nuestra patria rica y fuerte por él con tanta suerte el soberbio cristal del Océano, surgieron cien navíos, transportando carguíos del inmenso tesoro americano. Ved hoy esas magníficas ciudades que fueron soledades tristes ayer alzarse florecientes, fundadas por su mano, llevando el nombre hispano en su poder, en esplendor crecientes. Él hizo interminable nuestra tierra con la perpetua guerra, asolación del pueblo mejicano, y por él solamente flota entre aquella gente la santa insignia del pendón cristiano. Y ¿se dirá que ingratos y egoístas sus valientes conquistas nosotros españoles desdeñamos? ¿Que un puñado de cobre por una piedra pobre con voluntad siquiera no le damos? En tanto que su nombre no ensalcemos y en Medellín alcemos un monumento a los brillantes soles de su gloriosa guerra, las gentes de esta tierra ¡¡no somos ni extremeños ni españoles!!