Versos Spanish Carolina Coronado El Amor De Mis Amores

Spanish poem

El Amor De Mis Amores

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¿Cómo te llamaré para que entiendas que me dirijo a ti ¡dulce amor mío! cuando lleguen al mundo las ofrendas que desde oculta soledad te envío?... A ti, sin nombre para mí en la tierra ¿cómo te llamaré con aquel nombre, tan claro, que no pueda ningún hombre confundirlo, al cruzar por esta sierra? ¿Cómo sabrás que enamorada vivo siempre de ti, que me lamento sola del Gévora que pasa fugitivo mirando relucir ola tras ola? Aquí estoy aguardando en una peña a que venga el que adora el alma mía; ¿por qué no ha de venir, si es tan risueña la gruta que formé por si venía? ¿Qué tristeza ha de haber donde hay zarzales todos en flor, y acacias olorosas, y cayendo en el agua blancas rosas, y entre la espuma lirios virginales? Y ¿por qué de mi vista has de esconderte; por qué no has de venir si yo te llamo? ¡Porque quiero mirarte, quiero verte y tengo que decirte que te amo! ¿Quién nos ha de mirar por estas vegas como vengas al pie de las encinas, si no hay más que palomas campesinas que están también con sus amores ciegas? Pero si quieres esperar la luna, escondida estaré en la zarza-rosa, y si vienes con planta cautelosa no nos podrá sentir paloma alguna. Y no temas si alguna se despierta, que si te logro ver, de gozo muero, y aunque después lo cante al mundo entero, ¿qué han de decir los vivos de una muerta?

Como lirio del sol descolorido ya de tanto llorar tengo el semblante, y cuando venga mi gallardo amante, se pondrá al contemplarlo entristecido. Siempre en pos de mi amor voy por la tierra y creyendo encontrarle en las alturas, con el naciente sol trepo a la sierra; con la noche desciendo a las llanuras. Y hallo al hambriento lobo en mi camino y al toro que me mira y que me espera; en vano grita el pobre campesino «No cruces por la noche la ribera». En la sierra de rocas erizada, del valle entre los árboles y flores, en la ribera sola y apartada he esperado el amor de mis amores. A cada instante lavo mis mejillas del claro manantial en la corriente, y le vuelvo a esperar más impaciente cruzando con afán las dos orillas. A la gruta te llaman mis amores; mira que ya se va la primavera y se marchitan las lozanas flores que traje para ti de la ribera. Si estás entre las zarzas escondido y por verme llorar no me respondes, ya sabes que he llorado y he gemido, y yo no sé, mi amor, por qué te escondes. Tú pensarás, tal vez, desdeñosa por no enlazar mi mano con tu mano huiré, si te me acercas, por el llano y a los pastores llamaré medrosa. Pero te engañas, porque yo te quiero con delirio tan ciego y tan ardiente, que un beso te iba a dar sobre la frente cuando me dieras el adiós postrero.

Dejaba apenas la inocente cuna cuando una hermosa noche en la pradera los juegos suspendí por ver la luna y en sus rayos te vi, la vez primera. Otra tarde después, cruzando el monte, vi venir la tormenta de repente, y por segunda vez, más vivamente alumbró tu mirada el horizonte. Quise luego embarcarme por el río, y hallé que el son del agua que gemía como la luz, mi corazón hería y dejaba temblando el pecho mío. Me acordé de la luna y la centella y entonces conocí que eran iguales lo que sentí escuchando a los raudales, lo que sentí mirando a la luz bella. Vago, sin forma, sin color, sin nombre, espíritu de luz y agua formado, tú de mi corazón eras amado sin recordar en tu figura al hombre. Ángel eres, tal vez, a quien no veo ni lograré, jamás, ver en la tierra, pero sin verte en tu existencia creo, y en adorarte mi placer se encierra. Por eso entre los vientos bramadores salgo a cantar por el desierto valle, pues aunque en el desierto no te halle, ya sé que escuchas mi canción de amores. Y ¿quién sabe si al fin tu luz errante desciende con el rayo de la luna, y tan sola otra vez, tan sola una, volveré a contemplar tu faz amante? Mas, si no te he de ver, la selva dejo, abandono por siempre estos lugares, y peregrina voy hasta los mares. A ver si te retratas en su espejo.

He venido a escuchar los amadores por ver si entre sus ecos logro oírte, porque te quiero hablar para decirte que eres siempre el amor de mis amores. Tú ya sabes, mi bien, que yo te adoro desde que tienen vida mis entrañas, y vertiendo por ti mares de lloro me cansé de esperarte en las montañas. La gruta que formé para el estío la arrebató la ráfaga de octubre... ¿qué he hacer allí sola al pie del río que todo el valle con sus aguas cubre? Y ¡oh Dios! quién sabe si de ti me alejo conforme el valle solitario huyo, si no suena jamás un eco tuyo ni brilla de tus ojos un reflejo. Por la tierra ¡ay de mí! desconocida, como el Gévora, acaso, arrebatada dejo mi bosque y a la mar airada a impulso de este amor corro atrevida. Mas si te encuentro a orilla de los mares cesaron para siempre mis temores, porque puedo decirte en mis cantares que tú eres el amor de mis amores.

Aquí tu barca está sobre la arena: desierta miro la extensión marina: te llamo sin cesar con tu bocina y no pareces a calmar mi pena. Aquí estoy en la barca triste y sola aguardando a mi amado noche y día; llega a mis pies la espuma de la ola, y huye otra vez, cual la esperanza mía. ¡Blanca y ligera espuma trasparente, ilusión, esperanza, desvarío, como hielas mis pies con tu rocío el desencanto hiela nuestra mente! Tampoco es el mar a donde él mora, ni en la tierra ni el mar mi amor existe: ¡Ay! dime si en la tierra te escondiste o si dentro del mar estás ahora. Porque es mucho dolor que siempre ignores que yo te quiero ver, que yo te llamo sólo para decirte que te amo, ¡que eres siempre el amor de mis amores!

Pero te llamo yo, ¡dulce amor mío! como si fueras tu mortal viviente, cuando sólo eres luz, eres ambiente, eres aroma, eres vapor del río. Eres la sombra de la nube errante, eres el son del árbol que se mueve, y aunque a adorarte el corazón se atreve, tú solo en la ilusión eres mi amante. Hoy me engañas también como otras veces; tú eres la imagen que el delirio crea, fantasma del vapor que me rodea que con el fuego de mi aliento creces. Mi amor, el tierno amor por el que lloro eres tan solo tú ¡señor Dios mío! Si te busco y te llamo, es desvarío de lo mucho que sufro y que te adoro. Yo nunca te veré, porque no tienes ser humano, ni forma, ni presencia: yo siempre te amaré, porque en esencia a el alma mía como amante vienes. Nunca en tu frente sellará mi boca el beso que al ambiente le regalo; siempre el suspiro que a tu amor exhalo vendrá a quebrarse en la insensible roca. Pero cansada de penar la vida, cuando se apague el fuego del sentido, por el amor tan puro que he tenido tú me darás la gloria prometida. Y entonces al ceñir la eterna palma, que ciñen tus esposas en el cielo, el beso celestial, que darte anhelo, llena de gloria te dará mi alma.