Spanish poem
Dejad Que Despacio Os Vea
Dejad que despacio os vea esa belleza tan rara, pesadilla de mis sueños, enemiga de mi alma. ¡Por Jesús, que ansiosa vengo de miraros esa cara blanca aurora para alguno, para mí, noche nublada! ¿Cómo tenéis la melena, muy oscura, muy dorada? De vuestra faz las colores ¿son morenas o son albas? ¿Tanto valen vuestros ojos? ¿Sois de cuerpo tan gallardo? ¿Cuáles son, decid, en suma vuestros dones, vuestras gracias, para que pueda, señora, admirarlos y envidiarlas?... Yo no fío en sortilegios, burléme siempre de magias, pero al hallar vuestra imagen con la luz de la mañana, con las sombras de la noche, sobre mis libros clavada, junto a mi lecho perenne y en todas partes, mi alma, por espíritu os conjura y por visión os rechaza. Señora, ¿pensáis que pueda un corazón de cristiana sin ofender a los cielos hacerme tan desdichada? Señora, ¿pensáis que somos vos la reina, yo la esclava, para que a vos así tenga mi libertad subyugada que a donde está vuestra imagen allí mis ojos se paran y allí escuchan mis oídos do suenan vuestras palabras? ¡Si supierais cuando os oigo cuál las sienes se me inflaman y cuánto mis venas hierven que parece que se saltan! ¡Si supierais cuáles sombras ven mis ojos, qué fantasmas, tal vez las brillantes flores que os embellecen la cara, por no parecer tan bella, os arrancaréis de lástima! Mas ¿para qué? no señora, ceñid la frente lozana de riquísimos encajes y primorosas guirnaldas para dar mayor contento a los ojos del que os ama; que para llorar las penas que vuestras glorias me causan tengo noches que me sobran y lágrimas que me bastan. Ved si al hermoso conjunto de vuestras divinas gracias, señora, algún atributo, que daros pudiera, os falta; pues queréis todas las dichas con mi desdicha lograrlas, venid, si os faltara el genio, ¡venid... y os daré mi arpa!