Versos Spanish Carolina Coronado Última Tarde En Andalucía

Spanish poem

Última Tarde En Andalucía

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En despedidas nuestra vida pasa cada día un adiós ¡ay triste vida! ¡que siendo vida en tiempo tan escasa, la hayamos de pasar tan afligida! Aun el de ayer nuestra mejilla abrasa llanto de la postrera despedida, y hoy se agolpa a los ojos otro tanto... ¡qué lluvia tan perenne es la del llanto! Yo que no dejo hogar en que viviera, una piedra ni un árbol conocido, sin que al mirarlo por la vez postrera no me arranque una lágrima, un gemido; paso en lamentación mi vida entera: mas ¿cómo sin lamentos me despido? ¿cómo no ha de llorar el alma mía cuando te pierdo, hermosa Andalucía? Hasta al mismo dolor si se despide le damos al pasar una mirada, una mirada que el espacio mide de aquella hora en su región pasada. ¿Cómo podéis pensar que el bien se olvide? ¿cómo podéis querer que yo olvidada de esta hermosa y dulcísima ribera no le dé ni una lágrima siquiera? Las bellas tardes que pasé a su orilla ¿sabéis que fueron para mí muy bellas? ¿sabéis que de la barca más sencilla gozo en seguir las relucientes huellas? ¿sabéis que es más hermosa cuando brilla aquí la luna, el sol y las estrellas, y que voy a sufrir más desconsuelo cuando me aleje de tan claro cielo? ¿Sabéis que necesito en este ambiente ahogarme en azahar, morirme en rosas para aliviar mi corazón doliente, de emociones muy tristes, muy penosas? ¿sabéis que he menester la luz candente de esas puras mañanas vaporosas, aspirar de estos huertos en la calma, para alejar el tedio de mi alma? ¿Habéis mirado el agua en la llanura cuando se oculta el sol en la arboleda, los árboles bañando y la frescura y la fragancia que al bañarlos queda habéis sentido allí... ¡Ah! qué ternura inspira el son del agua cuando rueda por los campos de acacia perfumados y sus ecos muriendo en los collados. ¡O amiga tierra! ¡O vale regalado! O sol ardiente, sol de Mediodía, como al insecto yerto has reanimado mi ser que en el dolor languidecía; en pago al caro bien que tú me has dado te doy mi corazón en mi poesía, y aunque la hieran con su diente insano canes que al darles pan muerden la mano. Poco y amargo a su mortal fiereza hoy mi mano en mis versos les envía, porque abrasa la fiebre mi cabeza y no puedo cantar como quería; yo me llevo conmigo la tristeza, pero dejar quisiera la alegría, y no puedo... me ahogo... esfuerzo el canto, y en vez ¡ay! de cantar prorrumpo en llanto.