Spanish poem
Oda Primera En La Muerte De Doña Engracia Olavide. Oda Sáfica
by Gaspar Melchor de Jovellanos (1744–1811)
Mientras cubierto el beaciense suelo de triste luto, la eternal ausencia siente de Filis, y las fuentes claras lloran su muerte; mientras al cielo sus dolientes voces tristes envían las graciosas ninfas, que con su llanto la urna transparente del Betis hinchen; mientras al son de roncos instrumentos van entonando lúgubres endechas los pastorcillos que los verdes prados de Úbeda cruzan; ven tú, Lisardo, y con veloces plantas huye ligero del funesto clima que a la divina, a la inocente Filis causó la muerte. Huye, y contigo del letal recinto súbito arranca al dolorido Fabio, que aún la sombra y las cenizas frías de Filis adora. ¡Guar!, que al influjo de maligna estrella no quede expuesto el huérfano inocente; sálvale, salva, y en tu seno, amigo, sácale oculto. ¡Ah!, no permitas que al horrendo triunfo otros agreguen los funestos hados, ni que la Parca más ilustres almas destierre al Orco. ¡Oh cruda muerte! ¡Cómo en un instante de la más bella y adorable ninfa todas las gracias, los encantos todos vuelves en humo! La que atraía con su dulce canto del aire vago a las canoras aves, y los feroces brutos extraía de sus cavernas; cuyo sonoro penetrante acento daba sentido a los peñascos duros, y detenía en su corriente rauda fuentes y ríos, ¿dónde se ha ido? ¿Cómo no resuenan en los amenos carolíneos valles sus peregrinos melodiosos ecos dulcisonantes? Cuando, a la excelsa Venus semejante, salía al campo, los humildes chopos, el olmo erguido y los ancianos robles se le inclinaban. Donde estampaba con airoso impulso la breve huella su fecunda planta, allí a porfía mil galanas flores luego brotaban. En otro tiempo ¡oh triste remembranza! tú mismo viste los marianos montes al dulce encanto de su voz alegres y conmovidos. Di, ¿no te acuerdas cuando señalaba su blanca mano con devotos signos sobre la arena del futuro pueblo todo el recinto; cuando miraba del cimiento humilde salir erguido el majestuoso templo, el ancho foro, y del facundo Elpino la insigne casa; cuando al anciano documentos graves daba, y al joven prevenciones blandas, y a las matronas y a las pastorcillas santos ejemplos; cuando sus lares consagraba pía, cuando sus fueros repetía humana, cuando ayudaba en la civil faena al sabio Elpino; o cuando, envuelta en celo religioso, su voz enviaba del augusto templo votos profundos, reverentes himnos al Dios eterno? Cuando... mas huye, huye presuroso; huye, Lisardo, del fatal recinto; huye con todos, y haz que humana planta más no le oprima. Otra vez sea hórrido desierto, de incultas fieras solamente hollado, donde de Filis vague solamente la flébil sombra. Huye, pero antes a la tumba fría, do ella descansa, llega reverente, y allí con puntas de diamante eternas graba estas voces: «De Filis un tiempo la presencia hermosa era delicia de este suelo ingrato; hoy es su afrenta el sueño sempiterno de sus cenizas».