Versos Spanish Gaspar Melchor de Jovellanos Mireo, Pues Te Place

Spanish poem

Mireo, Pues Te Place

by (1744–1811)

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Actie aetatis placidaet lenis recordatis.

Mireo, pues te place que sepa el caro Delio mi profesión, mi nombre, mi patria, y mis sucesos, aplícate un instante a ver este diseño, de ingenio y arte escaso, si de verdades lleno. Cifrada en breves puntos mi historia verá Delio; verála sin asombro, pero también sin tedio. Dile que en la ancha orilla del mar cántabro un pueblo sobre otros mil levanta su erguida frente al cielo: mil timbres le ennoblecen, ganados en el tiempo antiguo, cuando cuna sus altos muros fueron de claros capitanes y heroicos semideos; de aquellos santos reyes que a España redimieron del yugo berberisco fue corte y real asiento. En él nací, del sumo rector del universo sin duda descendido, que a tanto dios debieron, si no mintió la fama, su origen mis abuelos. Jovino me llamaron desde los años tiernos las ninfas gejionenses; y allí do va el sereno Pilas al mar de Asturias sus aguas refluyendo, el nombre de Jovino, con resonantes ecos, náyades y tritones mil veces repitieron. No aún mi blanca barba manchara el pardo vello, y ya del nombre mío volaba el dulce acento, llevado por las auras al complutense suelo. Minerva despiadada firmó el cruel decreto que me pasó a Compluto desde el hogar paterno. Mezclado a los ilustres hijos del gran Cisneros, allí me vio Dalmiro al margen por do el viejo y sabio Henares fluye con graves pasos, ledo. Allí me vio Dalmiro; Dalmiro, cuyo ingenio, ya entonces celebrado, daba con vario efecto cuidados a las ninfas y a los pastores celos. De allí, quizá aguijado de tan ilustre ejemplo, trepar osé al Parnaso por cima de escarmientos. Imberbe aún, y falto de inspiración y fuego, tenté del sabio Apolo subir al trono excelso. Luego al intonso numen enderecé mis ruegos, y aunque de tal descaro mostrarse pudo ofenso, la juvenil audacia me perdonó, y risueño me dio de alumno suyo el nombre y los derechos. Bajo de tal auspicio viví mil días bellos, gocé mil dulces dichas y obré mil altos hechos. Bebí de la armoniosa corriente del Permeso, después la de Hipocrene, y al fin, a tragos luengos, en el raudal castalio sacié mi afán sediento. Monteme en el Pegaso, y en él volé ligero al elevado Pindo y al muy más alto Pierio, donde las nueve hermanas favores mil me hicieron; de Erato, aunque voluble, fui fino chichisbeo, que en mi favor con ella tal vez intercedieron Teócrito, Virgilio, Catulo y Anacreón; galanteé a Talía también por algún tiempo, y entonces la taimada, con aire zahareño, enmascaró mi rostro, y al pie, que del proscenio el polvo nunca hollara, calzó el humilde zueco; la grave Melpómene en tanto con severo semblante me miraba; quise obligarla atento, rogué, seguí sus pasos y huyome con desprecio. Mas ¡oh natura extraña del hombre en sus deseos, que el fuego los entibia, y los enciende el hielo!: la fuga de la ninfa irrita mi deseo; la sigo a todas partes: la busco entre los griegos, y sólo hallé sus huellas, que ya al latino pueblo del ático pasara; corrí el país que un tiempo fue trono de las musas, y ya sobre su suelo, de sangre, de despojos y ruinas mil cubierto, la ninfa no habitaba; desde uno al otro extremo crucé la sabia Europa, y al fin la hallé en los pueblos a que uno y otro margen del Sena dan asiento. Con culto majestuoso la ninfa vive entre ellos tenida en grande estima: allí escuchó mis ruegos, y dio a mis inquietudes y largo afán el premio, subiéndome al heroico coturno desde el zueco. ¡Oh cuántos ricos dones a sus influjos debo! Diome que en largos hilos de los humanos pechos mil lágrimas sacara, mil quejas y lamentos; diome que hacer pudiese amables los senderos de la virtud, por más que el fraude, el odio negro y la traición los pinten penosos y molestos; diome que al hombre hiciera, con sabios documentos, de lealtad amigo y a vil perfidia adverso; que a los potentes reyes mostrase el fiero ceño de la fortuna airada, y a los sufridos pueblos el celo vigilante con que un poder supremo refrena los designios de príncipes aviesos; diome... Pero no digas cuánto me dio, Mireo: sus dones no divulgues, que Astrea tendrá celos; Astrea, que hoy me tiene en sus cadenas preso, me trata con ley dura, y con tirano imperio pretende ser la sola señora de mi ingenio. Mal de su grado cede mi corazón al peso de ley tan inhumana, y no sin gran tormento a tan severo numen ofrece sus inciensos. ¡Ay, Dios, los bellos días pasaron! ¡Pasó el tiempo de holganza, de venturas y de contentamientos! Pero, pues ya mis dichas y glorias perecieron, ¿por qué no fue mi nombre en hondo olvido envuelto? ¿Por qué me habéis dejado crüel diva, en el recuerdo, de tan sabrosos gustos tan amargo tormento? ¡Oh, cuán dulces instantes, qué días tan risueños los que pasar solía al margen del Permeso! ¡Cuántas veces mi nombre y el de mi Enarda fueron escritos de consuno sobre los olmos tiernos, que ya encumbró a más alta región el raudo tiempo!... ¡De hiedra y verde mirto ornado, el suave plectro cuántas veces tañía, y al dulce son atento cantaba mis venturas, que duplicaba el eco! ¡De Enarda cuántas veces la gracia y dulce ingenio loaba, y sus encantos encaramaba al cielo! Cantaba de sus ojos el rutilante fuego, su frente hermosa y grave y los cabellos luengos, que airosos abajaban sobre su blanco pecho... Perdona, oh santa Temis, perdona estos recuerdos: Mireo los exige y los conduce a Delio; a Delio, aquel que supo con tan sonoro plectro la integridad augusta loar de tus decretos; a Delio, que inflamado con el divino fuego que le inspiró tu numen, extiende por el viento el triunfo de los sabios ministros de tu templo; a Delio, al hijo ilustre, imagen y heredero del gran León, tu alumno, tu gloria y tu recreo. ¡Oh genio peregrino! ¡Oh inimitable Delio! ¡Oh honor, oh prez, oh gloria de los presentes tiempos! Ya las hispanas musas, que en hondo y vil desprecio yacían, por ti vuelven a su esplendor primero; a ti fue dado sólo obrar el alto hecho. Y pues tamaña empresa te reservaba el tiempo, el triunfo que a tal gloria levanta el pueblo ibero, será del plectro mío perenne, vasto objeto, y de uno al otro polo resonará en mis versos.