Spanish poem
Raimundo Lulio
Acoge cariñoso, como sencilla ofrenda que tributo a nuestro antiguo afecto, mis pobres cantos de Raimundo Lulio. Esta doliente historia encierra un grave pensamiento, obscuro quizás, porque mi musa ni engrandecerle ni aclararle supo. De la atrevida ciencia que huye de Dios, y en su rebelde orgullo, con sus fulgores sólo quiere llenar los cielos y los mundos; de esa ciencia a que rinde la vanidad del hombre ciego culto, y que persigue siempre con sacrilego afán y ardor impuro; por quien, obedeciendo de su apetito al indomable impulso, mancha las sacras aras y a Dios disputa su poder augusto: en Blanca, en esa hermosa Blanca, sueño y delirio de Raimundo, el símbolo terrible, el triste emblema presentar procuro. ¡Ay! cuando devorado por insaciable sed, loco y convulso piensa alcanzar el hombre de su soberbia el anhelado fruto; ¿qué encuentra? Eterna duda, eterno hastío entre el placer oculto, y bajo regias galas la horrible podredumbre del sepulcro Mas, no porque condene esos que errores de la ciencia juzgo, para extirparlos pido el auxilio sangriento del verdugo. Impuestas por la fuerza, o por la vil superstición del vulgo, odiosas me serían la verdad y la fe que ansioso busco. Hijo soy de mi siglo, y no puedo olvidar que por el triunfo de la conciencia humana, desde mis años juveniles lucho. Por bárbaro rechazo de la brutal intolerancia el yugo, y quiero en campo abierto libremente lidiar con el absurdo.
Raimundo Lulio.