Versos Spanish Gertrudis Gómez de Avellaneda Mortíferos Vapores

Spanish poem

Mortíferos Vapores

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Mortíferos vapores En brazos respirando del infierno; El cuerpo quebrantado de dolores Por torcedor interno; Humillada mi frente Entre vil fango y despreciable escoria, Vi al enemigo alzarse, e insolente Proclamar su victoria. Mas ya en el trance extremo, Opresa de la muerte en firme lazo, Alcé mi voz al defensor supremo Implorando su brazo. Llegó mi grito al cielo, Aunque de alzarse a tal altura indigno: Llegó veloz ai Dios de mi consuelo. Que lo escuchó benigno. Oyolo y vio mi afrenta Desde la excelsitud de su almo trono: De mis males le di prolija cuenta Y miró mi abandono. Oyolo, y de mi vida Se erigió defensor; se alzó indignado; Y retembló la tierra, estremecida Por su soplo abrasado.. Al calor de su saña Se deshizo en centellas la alta esfera, Y rodó de su asiento la montaña Como líquida cera. Bajo sus pies las nubes Se desplegaron cual suntuoso velo, Y en alas de los fúlgidos querubes Él remontó su vuelo. Su rápida saeta Hirió a la muerte con mortal herida, Y del contrario intrépido, sujeta Fue la cerviz erguida. Ya del cieno sacada Libre y en salvo por mi Dios me miro; Pues el oyó, como de la hija amada, De su sierva el suspiro. Por su clemencia sola Me dio consuelo, restañó mi llanto... ¡Y hora me ciñe espléndida aureola De regocijo santo! El mismo abriome paso Entre malezas de mi senda oscura; Pues nunca le encontró de amor escaso Su tímida criatura. El me dará enseñanza Y acataré su fuerte disciplina; Porque está ¡oh Dios! segura mi esperanza En tu bondad divina. Volvieron las espaldas Mis enemigos al sentir tu trueno; Mas como infante a las maternas faldas Yo me acogí a tu seno. ¡Oh cuán grande tu gloria Brilla en las obras de tu mano fuerte! ¡Tú eres, señor, el Dios de la victoria! ¡Tú eres juez de la muerte! El cielo te proclama Con voces que comprende el universo; Pues tuyas son las luces que derrama El sol, tu espejo terso. El sale a tu mandato, Cual nuevo esposo del caliente lecho, Y el nocturno vapor, al fuego grato Es en perlas deshecho. Natura palpitante Nuncio le aclama de tu amor fecundo, Y él va corriendo a paso de gigante La redondez del mundo. Un día al otro día Manda, ¡oh Señor! que tu poder alabe: Y la noche a la noche anuncia pía Tu majestad suave. ¿Quién a ti semejante, ¡Oh vengador de brazo omnipotente! Si de tu augusta santidad delante No hay ángel inocente? ¿Quién como tu benigno?... ¿Quién como tu piadoso y justiciero?... Mas no es mi labio de ensalzarte digno; Solo adorarte quiero. Adorarte es mí anhelo, A ti, quebrantador del yugo infame; Dale tú mismo al corazón el celo Con que quieres te ame. Amarte debo, ¡oh Fuerte! ¡Oh Soberano! ¡oh Triunfador! ¡oh Eterno! ¡Porque tu brazo domeñó a la muerte, Y acerrojó al infierno!