Versos Spanish José Campo Arana Á Cárlos Coello

Spanish poem

Á Cárlos Coello

by (1847–1885)

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¡Rey de la creacion, hombre! Despierta. Sál del letargo en que sumido vives, abre una vez á la verdad tus ojos, si á resistir su luz tu vista acierta. Despierta contemplando los despojos de tu pobre grandeza, mezquino sueño de tu sér soberbio. Despierta con presteza, baja del trono de oropel y harapos que rico solio en tu locura crees. Suelta el cetro de caña con que riges el engañoso mundo que posees, y sombras vanas con afan diriges. Deja caer la máscara arrogante con que encubres tu bajo pensamiento de bien y de grandeza vergonzante. Hipócrita insensato, que de soberbia en insondable abismo, en tu loco arrebato te mientes la grandeza áun á tí mismo.

¡Ah! no es ciego extravío la fuerza poderosa que arrebata la templada razon, y se apodera del pensamiento mio. Nó; no es la duda ni la envidia artera, no es la fiera afliccion de la amargura, ni el débil grito del herido esclavo. La envidia mata, si la duda altera, la amargura tan sólo el llanto funde, la cobardía besa al que la azota. Yo vivo y pienso, y, al error atento, del tirano el poder no me confunde ni doblego á su antojo el pensamiento; pues sé que ante la voz conmovedora de la santa verdad, en su flaqueza caerán, sobre su asiento mal seguros, como de Jericó los anchos muros, sus sueños, su poder y su grandeza. Y esa verdad sus alas me ha prestado, á su cielo de luz me ha conducido, y ora desesperado, ora preocupado ó divertido, al ver el hombre desde allí he llorado, y volviendo á mirarle, me he reido.

Envidia ó egoismo; ese es el hombre por más que luche en disfrazar su anhelo con un hermoso nombre. Llama amor al deseo disoluto á que rinden tributo, sin la inmunda torpeza á que él se entrega, el ave, el pez, el bruto, la misma flor inmóvil que despliega su cáliz á la brisa y al rocío. Llama ambicion á la locura ciega que tenaz le persigue hasta en sus sueños sin que olvido ó reposo se demande, no por ser él más grande, sino por ver á los demás pequeños. Llama equidad á la ruïn codicia, llama heroismo al crímen más sangriento, saber á la malicia, redencion al tormento, y á la venganza bárbara, justicia. Ciencia al enmarañado laberinto en que su limitada inteligencia se pierde errante sin hallar salida; alma á su ciego instinto, al vil temor prudencia, fé al fanatismo ciego, ley al hierro homicida, y á la inaccion estúpida, sosiego. Caridad á la dádiva avarienta, migaja de su mesa suntüosa, que presta, haciendo cuenta de recobrar crecida de la mano potente y dadivosa de un Dios que se ha forjado en otra vida. Y se cree un sér grande porque siente afectos que orgulloso diviniza, cuando acaso los miente. ¡Amor de patria! dice, imaginando que es privilegio la atraccion sagrada que hace al ave viajera amar á la enramada donde elevó su voz por vez primera, donde pasó el estío, donde vuelve á anidar la primavera. ¡Razon! exclama con acento grave, y áun blanquean al sol en la llanura las osamentas de cien mil soldados que asesinó su bárbara locura; el paso de la fiera muchedumbre áun destroza la miés de la campiña, y cadáveres mil ensangrentados alimentan las aves de rapiña. ¡Arte!... Tal vez tan sólo ese deseo es en él verdadero y grande y puro... Tal vez... Mas, ese mismo sentimiento, ¿no es acaso el altivo desvarío de hallar de Dios el ignorado asiento, adivinar su imágen escondida, sorprender su existencia en un momento, y robarle el secreto de la vida?