Versos Spanish José Campo Arana Á Mi Madre

Spanish poem

Á Mi Madre

by (1847–1885)

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¡Madre! ¡Cuán dulce entre mis labios suenas, oh nombre idolatrado! ¡Cuántos recuerdos en mi mente agitas! Torcedor y consuelo de mis penas, de santa idolatría enajenado, he querido mil veces escribirte, y mil veces las letras he borrado. Porque es tal el respeto y el cariño, la adoracion inmensa que en mí siento, que, aunque el cielo me dió el dolor por vida y sé lo que es sufrir desde muy niño, volveria contento á empezar esta lucha maldecida, si, al ligarme á la tierra nuevos lazos, me arrullara tu acento al dormirme tranquilo entre tus brazos.

Todos aman la gloria; unos por necio orgullo, otros soñando, en la mujer que adoran con locura; yo nó: si la victoria llego á alcanzar un dia de ventura, por tí será, que para tí la quiero. ¿Quién como tú podria merecerla? ¿Acaso no he bebido en tu seno purísimo la esencia de fé, de amor, de bien y sentimiento que nutre mi existencia y eleva con su savia el pensamiento? ¿Acaso no me han dado dolor bastante que mi canto inspire, tus lágrimas benditas? —¡Cuántas por culpa mia has derramado!... ¡Ah! Dios las tendrá escritas...

¡Madre! ¡Quiero estampar aquí tu nombre, una, y otra, y cien veces, madre mia! Cuando niño, encantada en tu cariño, tú me enseñaste á pronunciarle; hoy, hombre, el hombre adora lo que hablaba el niño. El hombre graba en su angustiada mente con santos signos la mejor palabra, y canta en tus recuerdos inspirado, volviendo tristemente sobre el tiempo dichoso y ya pasado, en que tu amor tan sólo, su amor era; amor dulce, sereno, inmaculado como el rayo del sol en primavera. Y canta y llora; sí, madre querida, lloro entregado á sin igual tristeza, que el cuerpo y el espíritu, abatidos, no pueden desechar; que con la vida no ha de acabar aunque con ella empieza; pues una voz callada y misteriosa resuena en mis oidos, y me dice que el alma no reposa. ¡Lloro, insensato, y creo que este llanto terrible y encendido, mísero y solo bien que ya poseo, puede pagar el que por mí has vertido! Así piensa el avaro poder pagar con un puñado de oro la dicha de este mundo: avaro soy y el llanto es mi tesoro. En él mi dicha fundo, que cuando con el alma acongojada, pobre, impotente, sin amor ni gloria, busco ansioso la nada, para ahogar mi memoria, que altivos sueños del ayer me acuerda y el terrible presente me recuerda, nada puede calmar esta agonía como el amargo llanto donde encuentra mi sér vida y encanto.

Madre, sobre mi edad pasará el tiempo, vendrán en pos un dia y otro dia, y á calmar mi dolor vendrá la muerte; y, acaso, madre mia, cuando pesada y fria caiga la tierra sobre el cuerpo inerte, ni un sér querido por mi vida llore, ni una oracion por mí, perdon implore. Acaso ¡ay Dios! profanen mi memoria al ver que no les dejo por herencia más que mis sueños de mentida gloria y el terrible luchar de la existencia... ¡Oh! tú que crees y que en Dios confias, tú que sabes rezar, madre adorada, dime, por Dios, una oracion; aprenda yo de tus labios, como en otros dias, una plegaria que la fé apagada haga en mí renacer... Pero es en vano. Ya torna al pecho la perdida calma. ¡Tambien yo sé rezar... ¿Sabes qué rezo? ¡Tu nombre nada más, madre del alma!