Versos Spanish José Campo Arana Á Mi Queridísimo Amigo

Spanish poem

Á Mi Queridísimo Amigo

by (1847–1885)

Listen in the reader

Horas de duda, aborrecidas horas, apartaos de mí, que ya no os temo sino en recuerdo, como á mal pasado. Fiebres abrasadoras que tántas, tántas veces me han postrado, en vano el eco mi memoria hiere, del angustioso grito que hacíais resonar dentro del pecho despedazando el corazon marchito.

«Ha muerto tu poder, pobre demente; »ya no podrás crear; tu alma gastada »sólo el instinto ó la avaricia siente: »no te conmueve nada; »ni la sonrisa de la vírgen bella, »ni del amor la asoladora llama, »ni el mar, ni el cielo, ni la fé, ni el mundo, »nada deja en tí huella, »y duermes con el sueño más profundo.»

Así hacías llegar hasta mi oido la voz del desaliento envenenado, eco perpétuo en la conciencia mia; y yo triste, temblando, dolorido, escuchaba ese grito desgarrado, que el alma en mil pedazos me partia. Yo recordaba el tiempo venturoso en que todo en mi sér hallaba un eco, que avaro el corazon guardaba ansioso. Y al mirarlo ya léjos, engañado, la vida de mi mente desechaba, y recostando la arrugada frente en mi mano convulsa, que abrasaba, maldecia el presente y, cobarde, lloraba...

¡Como si el árbol que de hermosas flores la Primavera plácida engalana, las conservára en el ardiente Estío! El sol marchita y borra sus colores dando al tiempo tributo, y tras la flor galana hincha su piel el sazonado fruto.

Pasó la juventud, y, al tiempo que ella, sus puras emociones, flores que ya perdieron su perfume; santas é inexplicables emociones que, como la tristeza que mi vida consume, ni explicar puede el labio su grandeza, ni comprender su encanto el pensamiento.

Pasó la juventud; llegó el momento en que el suspiro ardiente del jóven entusiasta, eterna aspiracion á un imposible, se trueque en viril canto en que lo hermoso de la forma sea, no la belleza plástica insensible: cuerpo que encierre el alma de una idea!

Y es porque cada edad tiene marcada una mision distinta y la huye en vano: el jóven sueña, el hombre fuerte piensa, y recuerda el anciano. Verdad que en la mitad de nuestra vida la ilusion vagarosa ya se aleja entre las sombras del ayer perdida; verdad que ya mi mente no refleja la plácida frescura de los años felices; mas ¿acaso, al ocultarse el astro luminoso de mi pasada juventud cercana en el sombrío ocaso donde áun despide claridad liviana, murió el fuego sagrado, la actividad eterna y sobrehumana que Dios me dió al nacer? ¿No hay en la tierra nada capaz de enaltecer mi canto?

La patria amada, la nefanda guerra, la dulce libertad, la ciencia ignota, de Dios el pensamiento sacrosanto, del despotismo inícuo la derrota, la virtud, el valor, la santa idea de ley y de justicia, el arte, hijo de Dios, ¿son ménos grandes que los sueños que el jóven acaricia?

Horas de duda, aborrecidas horas, apartaos de mí, que ya no os temo sino en recuerdo, como á mal pasado. Ya sé que el árbol que de hermosas flores la Primavera plácida engalana, no las conserva en el ardiente Estío; que el sol marchita y borra sus colores, dando al tiempo tributo, y, tras la flor lozana, germina y crece el sazonado fruto.