Versos Spanish José Heriberto García de Quevedo Canto VIII

Spanish poem

Canto VIII

by (1819–1871)

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Alto en el cielo el sol sus rayos de oro vibraba sobre el mundo, derramando en espléndido tesoro vida y calor fecundo:

cuando Abrahán, del perezoso lecho alzándose al proviso, a aquel lugar se encaminó derecho do el Sempiterno quiso,

en el día anterior, de su venganza anunciarle la hora; y caminando va sin esperanza, y aún su clemencia implora.

Y llegado a la cima, con tremante mirar giró los ojos, temiendo ver la pompa fulgurante de los sumos enojos.

Toda aquella feraz amplia comarca, tan opulenta un día; todo cuanto Pentápolis abarca, es soledad vacía.

Nada se escucha; ni rumor de gente, ni el sólito mugido del toro, ni del perro el estridente doméstico ladrido:

ni el rugir de la fiera en lo lejano que al cazador avisa; ni el grito del insecto en el pantano, ni el soplo de la brisa.

Ni el susurro del aura entre las flores, ni el murmurar de las tranquilas fuentes, ni del viento los tonos bramadores, ni el cóncavo rumor de los torrentes.

Sólo mira Abrahán en la desierta llanura que hay en torno, de humo y pavesas bocanada incierta salir como de un horno.

Y en medio, como en costa solitaria, acaso surge un faro; sola y triste, se ve la hospitalaria Segor a Lot reparo.

Sodoma, Seboín, Gomorra, Adama, ¿do fué vuestra grandeza? ¿Qué fué de vuestra pompa y vuestra fama y brío y gentileza?

¡Ay! todo pereció. Mísero ejemplo de las divinas iras, el hombre y animal, teatro y templo, fuisteis vivientes piras.

Y sólo quedan del mortal estrago, memoria eterna a los futuros hombres, sobre las olas fétidas de un lago vuestro crimen escrito y vuestros nombres.