Versos Spanish José Heriberto García de Quevedo Canto VI

Spanish poem

Canto VI

by (1819–1871)

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Y sucedió que apenas del banquete levantado se habían, grandes voces llegaron hasta allí.—Tal como suelen en cruda tempestad los aquilones frementes rebramar, así iracundos los torpes de Sodoma habitadores, en confuso, estruendoso vocerío, clamaban con furor: «¿Do están los hombres que esta noche en tu casa introdujiste? ¡Sácanoslos acá!» Sobre sus goznes giró de Lot la claveteada puerta, el cual cerróla tras de sí: los torpes a su vista, los gritos aumentaron, y al creciente rumor de sus clamores: «¿dónde están, dónde están los peregrinos? decían, ¿dónde están?, por qué se esconden? ¡Sácanoslos acá!» —Con suplicante voz y humilde ademán, Lot respondióles: «¡No queráis, por piedad, hermanos míos, tal crimen cometer! — De mis amores dos hijas sólo tengo, dos doncellas que en hermosura eclipsan a los soles que alumbran en el ancho firmamento; ninguna de las dos lascivia torpe ni amistad de varón ha conocido; ambas os la daré; vuestro furores podéis saciar en ellas, si así os place; ¡mas respetad, os ruego a los dos jóvenes, que cobija mi techo hospitalario!» Pero en crudos acentos bramadores así le respondieron: «¿Tú has venido de extranjeras comarcas, y te pones como juez, nuestro fueros y costumbres osado a combatir? Si a esos dos hombres al punto no nos das, sobre los tuyos y sobre ti caerán males peores.» Y haciendo al hombre justo gran violencia, pugnaban por entrar con grandes voces y ya la antigua puerta rechinaba con doliente crujir sobre sus goznes.

Cuando de entrambos ángeles los rostros refulgentes aparecieron túrbidos a las feroces gentes: y al rayo que fulgura en su mirada pura, se replegaron trémulas las turbas sobre sí.

A Lot entonces rápidos asieron de la mano; y del primero al último al joven y al anciano y al niño que los viera, de súbita ceguera los hieren, y la atmósfera ya puebla su gemir.

Y a tientas en las hórridas tinieblas que los cercan, con lastimeras súplicas de nuevo a Lot se acercan: y con humilde llanto y voz de inmenso espanto, entre gemidos lúgubres imploran su perdón.

Mas de los dos espíritus la voz que el aire atruena, responde así a los míseros: «Ya la medida llena de torpes liviandades está, y de iniquidades; ¡generación de réprobos, no esperes redención!»

¿Cómo, ¡ay! en voces débiles de lenguas terrenales, cómo en oscuros sémiles, e imágenes mortales, pintar el alarido inmenso, indefinido, que aquellas turbas cárdenas lanzaron a una voz?

Aquí una humilde súplica de alto dolor es prenda; de maldición satánica allá un a voz tremenda: y en hórrida armonía por la región vacía, retos, blasfemias, lágrimas, van en revuelto son.

Tal en las negras bóvedas del tenebroso averno, donde Luzbel indómito vive en dolor eterno, sonó el primer rugido del ángel maldecido, que osó lidiar impávido de un Dios contra el poder.

En tanto las sacrílegas gentes confusas huyen; y en las tinieblas lóbregas que en torno los circuyen, se llaman, se codean, se insultan, se golpean y en estridente vórtice no cesan de correr.

Entonces a Lot, los ángeles: «¿Hay alguien que te toque, yerno o nuera, hijo o deudo que esté de casa fuera? Ve rápido en su busca si no deseas que esta noche muera.

Que del celeste empíreo del sumo Jehová somos enviados. Llegaron de Sodoma los pecados hasta su eterno trono, y sus días aquí ya están contados.»

Lot, pues, como el relámpago, oprimido del miedo y la tristura corrió hacia la mansión en derechura de sus futuros yernos, y en voz doliente y que le embarga el pasmo:

«¡Alzad del lecho, míseros, alzaos!, exclamó. De Dios la mano enviará sobre el joven y el anciano la muerte antes del día, en el recinto de Sodoma insano.»

Mas ellos al terrífico rumor de sus acentos inseguros: «vuélvete, respondieron, a tus muros, que de burlas no es hora»; y a dormir se volvieron muy seguros.

Entonces, tomó Lot desesperado de su casa el camino; y de los dos mancebos apiadado lamenta su destino.

Y vacila y se para en la carrera, y el paso atrás revuelve; mas de nuevo sonó la voz severa y a su camino vuelve.

Y sigue, sumergido en la amargura la débil planta, incierta, atravesando la estancia oscura de la ciudad desierta.

Era la hora en que el naciente día celajes mil anuncian de oro y grana, y las aves en plácida armonía saludan el albor de la mañana: pero en Sodoma aún la noche umbría se muestra de los mundos soberana, y Lot, con gran trabajo y pena suma, llegar pudo a su casa entre la bruma.

Preparados al viaje, allí le esperan en pie los dos mancebos celestiales, y ambos a las mujeres aceleran con palabras y gestos de mortales: ya los primeros rayos reverberan de Dios en los eternos arenales, cuando la comitiva silenciosa la ciudad atraviesa tenebrosa.

Como una corta, inerme caravana cruza los arenales del desierto, temiendo del Simún la furia insana o los fétidos miasmas del mar Muerto; y mientras más camina más se afana, y hasta llegar al anhelado puerto calor y sed arrostra y hambre dura, porque tan sólo allí se cree segura:

Así Lot, con los suyos caminando va sin cesar por calles y por vías, siguiendo las pisadas que trazando van en la arena sus celestes guías: y acaso escuchan el rumor nefando del baile y de las cántigas impías, y las risas y apóstrofes brutales que surge de las torpes bacanales.

Por fin pasaron la ferrada puerta de la impura ciudad, y un breve instante reposaron allí la planta muerta y el oprimido pecho jadeante: y estando ya de la campiña abierta en medio, su camino hacia delante prosiguieron derecho a un alto monte que al Este limitaba el horizonte.

Pero antes de seguir, con voz severa a Lot, así dijeron los alados: «Corre sin detenerte en la carrera y cotos salva, y setos y vallados: y aunque llegue a tu oído lastimera plegaria, o de los truenos disparados el bramido, hacia atrás nunca el semblante vuelvas, que serás muerto en el instante.»

Y asiendo a las mujeres de la mano con palabras de amor las consolaban, y dando priesa al afligido anciano con acentos de brío le animaban. Y atravesando ya el inmenso llano que circunda a Sodoma, se alejaban del amor espoleados de la vida de la torpe comarca maldecida.