Versos Spanish José Heriberto García de Quevedo Canto II

Spanish poem

Canto II

by (1819–1871)

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De Hebrón en la comarca bendecida hay un valle amenísimo y fecundo, que la nación de Jehová escogida llamaba de Mambré: no encierra el mundo en su extensión del hombre conocida, ni en la que hasta ora sólo el mar profundo viera, y a do jamás pie vacilante llegó de peregrino o navegante,

ningún país do con mayor largueza derramara el Señor sus bendiciones; pródiga allí mostró naturaleza en pompa singular todos sus dones: uniendo a la hermosura la riqueza míranse allí a la par las estaciones, y otoño, primavera, flor y fruto, unido al hombre ofrece su tributo.

Allí el nogal junto a la palma crece, y el oloroso cedro y manso tilo, y el plátano flexible se estremece a la sombra del álamo tranquilo: allí el haya frondosa amante ofrece a la sencilla tórtola un asilo, y el sauce, el tamarindo y sicomoro con el árbol se ven de frutos de oro.

El fuerte olivo de inmortal verdura crece lozano al margen de la fuente, la prolífica vid en la espesura gime bajo su fruto trasparente: mientras allá en la espléndida llanura, al blando soplo de fugaz ambiente, las doradas espigas a millares se mecen cual las olas de los mares.

Al borde suena aquí de la quebrada, del buey el melancólico mugido, bajo la sombra allí de la enramada de las mansas ovejas el balido: y al volver por la tarde a la majada pueblan el aire en múltiple sonido pastores y ganados y cencerros y el honrado ladrido de los perros.

En este valle tan feraz y ameno, lejos del aire corruptor mundano, y a su amargura y crímenes ajeno, vivía en aquel tiempo un buen anciano: de años cargado y de riquezas lleno, padre más bien que duro soberano de sus siervos, el rey de los pastores, tenía allí su tienda entre las flores.

Llamábase Abrahán —en el lenguaje que usaba entonces la nación hebrea, Padre de muchos—. Cuando en tardo viaje vino allí de la tierra cananea, así le habló el Señor: «De tu linaje saldrán reyes ilustres de Judea; más que reyes aún, saldrá el Mesías cuando se cumplan los fijado días.»

Y el patriarca esperaba el cumplimiento de las promesas de si Dios seguro, y su vida pasaba en curso lento como las ondas de arroyuelo puro: jamás manchó su vida turbulento el crimen, ni agitó deseo impuro las aguas cristalinas de su alma que reposaban en tranquila calma.

Delante de su tienda so la enramada umbría, cuando del mediodía más vivo es el calor, está Abrahán sentado en plácido sosiego; mas súbito un gran fuego ante sus ojos vió.

Alza la vista al punto por ver de dónde vino, y un rojo torbellino miró cerca de sí; de cuyo oscuro centro salieron tres varones, que ven sus emociones con blando sonreír.

Entonces el buen anciano con susto se levanta, y la insegura planta dirige hacia el Señor; diciendo: «Si tu esclavo halló en tus ojos gracia, debajo de esta acacia descansa, por favor.

Para tus pies divinos traeré el agua más pura, y aquesa tierra impura yo mismo lavaré; y de mi tienda humilde bajo el amigo toldo, cocido en el rescoldo mi pan os partiré.»

Entonces los tres varones: «Haz como has dicho», dijeron; y entró Abrahán, presuroso, so el hospitalario techo.

Y dijo a su esposa Sara: «Tres satos amasa presto de flor de harina, y haz panes, y cuécelos bajo el fuego.»

Y corriendo a la vacada, cogió un hermoso becerro, diólo a un mozo, el cual al punto lo mató y cociólo luego.

Y manteca y leche pura tomó también, y dispuesto ya el festín, sirviólo él mismo a los fúlgidos viajeros.

Luego que hubieron comido, dijo así el mayor de entre ellos: «Descubrirte quiero ahora mis designios sempiternos.

Pentápolis torpe se lanza en manos del crudo Abdalón; la puse en mi eterna balanza, su crimen el peso inclinó.

Sodoma su grito ha aumentado; Adama se goza en su error; dobló Seboín su pecado, y Gomorra pesó sin temor.

Desciendo a su fértil llanura, y allí por mis ojos veré si la obra satánica impura del crimen colmó su altivez.»

Y saliendo, el camino tomaron de Sodoma hacia el fértil confín; mas no mucho de allí se apartaron que Abrahán, resolviéndose al fin:

«¿Destruirá, gran Señor, tu justicia, en injusta sacrílega unión, del impío la torpe malicia y del justo el leal corazón?

Lejos, lejos, Señor, de tu mente, una acción tan indigna de Ti; ¿verteráse la sangre inocente porque viva entre el vicio infeliz?

Si justos en Sodoma hallas cincuenta, ¿tendrán igual fortuna que la impía muchedumbre turbulenta que en el pecar se auna?

—Si hallo cincuenta justos en la impía ciudad, ten por seguro, que no enviaré la muerte y la agonía sobre el malvado muro.

—¿Y si hallas cinco menos? —Su recinto perdonaré clemente. —Y si faltaren diez, ¿será distinto el fin de tanta gente?

—Perdonaré también. —¿Si quince hallares de menos en la cuenta? —¡Perdonaré por ellos mil millares! —¿Y si hallas sólo treinta?

—¡También!» Mas Abrahán con rudo ahinco, siguió de aquesta suerte: «—¿Y si sólo se encuentran veinte y cinco, les enviarás la muerte?

—Por veinte, o quince, o diez, si los reúnes, tú mi palabra toma; por amor de los diez serán impunes los vicios de Sodoma.»

Mas cuando el claro sol anuncie al mundo que nace un nuevo día, caerá entera en el báratro profundo Pentápolis impía.