Spanish poem
A las tres gracias
Para el álbum de la señorita Rosa Ortiz de Zevallos, insigne profesora de música, y de sus dos bellas primas
Rosa, que por modestia delicada, en florecer te places rodeada del lindo par de Margarita y Pola, huyendo la vergüenza de ser en gracia y hermosura sola; quien pueda resistir el noble encanto, Rosa, de tu mirar y de tu canto, y en grata calma verte y escucharte, ése voces tendrá para alabarte, mas no el que, absorto, extático, suspira en placer inefable, sin que pueda decir qué siente, ni decir qué admira.
Si aun hoy, al escucharte, Rosa bella, sagrada inspiración mi mente inflama, y al brote de la eléctrica centella torna a brillar la amortiguada llama, ¡qué fuera cuando en el hirviente pecho latir sentía el corazón estrecho! Yo te escuché una vez, y todo el día, en ilusión dulcísima, creía sentir y respirar, y vivir todo en un plácido ambiente de armonía.
Y en el silencio de la noche, cuando el mentido concierto me desvela, un ángel desprendido del cielo me deslumbra, y me revela que la virgen Cecilia, que allá ordena de serafines el ardiente coro, absorta cuando te oye, y suspendida, los celestiales números olvida, de su alto ministerio se distrae, y el arpa de oro de sus manos cae. Y cuando de improviso del místico deliquio se levanta, nuevas cuerdas aumenta a su instrumento, y del Cordero atento en nuevas notas nuevos himnos canta.