Spanish poem
El Genio No Es La Nube, Que De Rayos Preñada
El genio no es la nube, que de rayos preñada, busca un lecho en las sombras; el genio no es la espada, que, de sangre sedienta, se goza en el combate: es el peñón, no el río; la valla, no el embate... El genio es como el cóndor, que con veloz mirada bajo sus pies contempla la tempestad airada; pero garras no tiene, sino alas con que abate las alturas en donde nada vibra, ni late. Cuando el genio contempla los abismos, entonces hay en sus verbos fraguas, dinamitas y bronces; porque él todo lo dora, como la luz del día. Tal Dios, que ve impasible la dicha y el quebranto, nunca se ha sonreído, nunca ha vertido llanto; porque Dios esta inmóvil, y lo humano varía...
Homero está tranquilo: sus épicas canciones tienen relampagueos, vértigos y explosiones; pero él está tranquilo, como gimnasta raro que sin quemarse pasa por entre el ígneo aro. El Dante está sereno: canta obscuras regiones de tormentos rebeldes y sórdidas pasiones; pero él está sereno, como solemne faro Que en la pavura negra pone su punto claro. Shakespeare y Goethe ahondan dos abismos profundos —corazón y cerebro— donde se agitan mundos; y ni el de Albión se inquieta, ni el de Weimar vacila... ¡Así la altiva cumbre, del hielo de su frente desata, como el genio, las furias de un torrente; pero ella, como el genio, también está tranquila!...