Spanish poem
El Hogar Del Colono
¡A la ciudad! El áspero salvaje en breves pasos, tras del fraile en calma, dejó —sin olvidarlo— su boscaje; y así, aunque tenga que cambiar de traje, extraño fuera que cambiase de alma. Quiere civilizarse, mas no en vano; que, en las montañas a su empuje estrechas, podrá luego tener entre su mano todas las tribus como un haz de flechas.
Un fondo de floridos cafetales salta a la vista. Al flanco de la casa, árboles que se yerguen colosales un bosque forman, que ni el Sol traspasa: finge un nido de cóndores, un nido ante inmensos barrancos suspendido. De piedra y polvo sobre informe masa, la fábrica se erige, construida en la cresta mortuoria de un derrumbe, como un penacho de rebelde vida. Guarda el bosque tal vez que el soplo mismo del huracán no desbarate y tumbe la débil casa erguida ante el abismo, como presa que en boca de una fiera lograse, por extraño magnetismo, que cerrarse la boca no pudiera. Los árboles confusos y perplejos vierten la gracia de sus copas llenas con voluptuosa paz: vistos de lejos, se dirían fantásticas melenas de poetas románticos y viejos... Por detrás de la casa, de lo alto brinca un chorro de plata reluciente, que esforzándose va, de salto en salto, hasta estrellarse en un peñón la frente. Luego da, en tres monstruosos escalones, tres grandes saltos con presteza suma: se hace una catarata que entre espuma retiembla con nerviosas convulsiones; y entonces cede al poderoso aliento de la racha que sopla en el barranco, y se esparce en mil gotas... como un blanco velo de novia desplegado al viento. Y ahí, en el fondo, henchido de clamores pasa el río veloz, que se diría un tropel de caballos trotadores que fuga a escape por la selva umbría. Anhelando que al fin se desenvuelva su copioso caudal, el río apura el amor que le brinda la espesura: tras la carnal lujuria de la selva, la voluptuosidad de la llanura...
El hogar del colono está de frente a la selva y al río. De este modo, la casa, aprisionando con un puente la otra ribera, lo aprisiona todo. Nada importa que salten en pedazos los montes entre horrendos cataclismos; que el puente salvador se abre de brazos y hace la redención de los abismos...