Spanish poem
El mar y el cielo
by José Tomás de Cuéllar (1830–1894)
HAY veces en que el mar tiñe sus olas Con tintas imposibles de copiar; Parece que la luz enamorada Seduce y acaricia, Medrosa, su imponente majestad.
No bien anuncia oriente la alborada Y brota el primer lampo matinal, Riela en las aguas cual tupida malla La limpia luz del cielo En lineas de cobalto y de cristal.
Plumajes ígneos y flotantes gasas Cortejan de los cielos el fanal, Y las ceruleas ondas se apresuran Con franjas de topacios,
Y en mar azul flotando van las plumas, Restos del crimen de la oscuridad, Hasta que al fin se pierden poco á poco Y la quietud convierte El abismo en expléndido cristal.
Líquidas lomas desaloja el barco Que á ambos costados huyen sin cesar, Mas vienen otras y se chocan, chascan, Y erguen al viento blancos Penachos de plumón y de cristal.
Pero es la tarde en explendor fecunda Y en fantásticos cuadros en el mar; Parece que la luz al despedirse En lujo de colores Difunde su postrera claridad.
Ondas azules con vislumbres rojos. Lineas de malaquita y de coral Con motas de vellones transparentes Tienden alfombras límpias Al despedirse el rojo luminar.
Despliégase en ocaso de amatistas Topacio y lapizlázulis un chal, Que borda de oro el sol desde los cielos Cuando las nubes pinta De múrice y granate singular.
Viene la noche, y sus crespones negros Tremola el aire y se oscurece el mar. Bóveda y ondas piérdense en los pliegues Del cortinaje inmenso En la más espantosa soledad.
Apena el ojo en vaguedad penosa Distingue algún contorno en su anhelar; Parece que camina el pobre barco Á su destino póstumo Ya en el abismo de la eternidad.
Pero si alguna brisa bienhechora Arranca algún girón á aquel cendal Y amontonando nubes sobre nubes, Deja ver un instante Del cielo la infinita claridad;
Cuán grande Dios en su poder se ostenta! Piélago azul donde átomo es el mar, Poblado de sistemas infinitos De mundos y fanales Que adoran su sublime majestad!
El mar entonces envidioso copia En olas de pizarra algún fanal; Rompe el dibujo el raudo movimiento, Y así de cada estrella Mil chispas de su luz bajan al mar.
Y cuando Vénus, la divina estrella, Va en el piélago lóbrego á rielar Parece que sonriendo desde el cielo, Y con hilos de plata, Borda su cifra en el dormido mar.
Y si la luna brilla en los espacios, Crenchas de plata y cúmulus de azahar, Crespones blancos y movibles masas. Flotando lentamente. Atraviesan la vasta soledad.
Y saltan perlas y se cruzan ráfagas Y es malla de relámpagos el mar, Cual si la luna fuera á unir en haces Con cordones de plata Hilos de espejo y lineas de cristal.
Y por que nada falte al espectáculo En esa lucha de la luz y el mar, Cuando se torna en pavoroso abismo. El fósforo convierte La espuma en crenchas de plateada faz. Millones de miriadas de animálculos Sienten del barco el ímpetu tenaz, Y, despertando, en torno luz expanden, E ignívomas espumas La huella dejan por do el barco va.
¡Oh noche augusta de misterio y calma En que á la luz del cielo leo en el mar Un himno á Dios escrito con los rayos Del mundo sideral!