Versos Spanish José Zorrilla 1 (Un claro sol de junio en…)

Spanish poem

1 (Un claro sol de junio en…)

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Un claro sol de junio en el oriente comenzaba su curso una mañana, sereno y explendente el azul del zenit tornando en grana. Fecundidad lozana ostentaba do quier naturaleza con la verdura que cubria el prado, y con la amarilléz que á la corteza daba del fruto aún no sazonado, y á la espíga del trigo en él sembrado. A los rayos del sol despertadores empezaban los sueltos jilguerillos, los mirlos y los pardos ruiseñores á elevar escondidos en las ramas su armoniosa voz: y entre las flores empezaban mil varios insectillos á extender sus alitas de colores. Naturaleza, en fin, rica y fecunda derramaba do quiera los preciosos tesoros de que inunda la terrestre mansion, la primavera, que huia ya con rápida carrera. En medio de este inmenso panorama de belleza, de luz y de armonía que el nuevo sol á iluminar salia, y que mundo se llama, uno de los mil puntos alumbrados es el punto no mas que en este dia, por los hechos en ella relatados, necesita marcar la historia mia. Corte entonces severa de Felipe segundo, digna Valladolid entonces era del católico Rey dueño del mundo. La gala y la nobleza, la virtud y riqueza, y la fe de la gente castellana encerraba en su seno su ancho recinto, que la Corte lleno tenia con su sólida grandeza. Sólida, sí, porque castilla ufana podia ver entonces su bandera por mil apartadísimos lugares tremolar altanera, respetada en las tierras y en los mares. Es verdad que usaban por entonces, y aun andaban en voga con los autos de fe y el santo oficio las hogueras, los tajos y la soga; mas tambien es verdad que astuto el vicio burlaba su poder, oculto asilo en las casas recónditas hallando, y adorado y tranquilo seguia como siempre prosperando y en el mundo reinando: pero con la ventaja no pequeña de que al creyente que en virtud vivia la torpe desnudéz no le ofendia, con que hoy el vicio sin pudor se enseña. Mas volvamos al dia y á la hora en que Valladolid del sueño alzaba la frente, y con la luz de nueva aurora el afan de la vida se tornaba. Y como cualquier hecho que se cuente se debe de narrar lógicamente, y las partes de que conste no embrollando, inútiles noticias segregando, de modo que el oyente lo entienda desde luego claramente; dejaremos aparte toda la poblacion, que no hace al arte de nuestra narracion: y en la persona que toma en ella la primera parte desde momento tal nos fijaremos y la historia de vez comenzaremos. De una casa, con humos de palacio, en la ancha calle de Santiago sita, de un rico camarin en el espacio y en un lecho blandísimo se agita en brazos de penoso horrible sueño el noble mozo de la casa dueño. La ropa descompuesta tiene á los brazos enrollada y cuello, su agitacion mostrando la funesta razon oculta de ello. El no usado desórden del cabello, el sudor que le inunda la ancha frente, los agitados labios que pronuncian frases sin ilacion, confusamente, que su espíritu acosa fieramente pesadilla tenáz bien claro anuncian. Y aunque á pintar de lo íntimo de un sueño las quimeras fantásticas renuncian poetas y cuentistas comunmente, las que en este bullian tengo empeño en extender sombría y vagamente cual extendiendo se iban en su mente las truncadas palabras anudando, que el gallardo mancebo que soñaba imaginaba con su afan luchando que su pesada lengua pronunciaba. Acerquémonos, pues, hasta su lecho y oigamos lo que dice y lo que pasa con su imaginacion y allá en su pecho.

«¿Qué es esto? de vapores la atmósfera cargada »sobre mi frente pesa: la siento en derredor »en raudo torbellino rodar arrebatada »prensándome las sientes con infernal dolor! »¿Qué es esto? ¿delirio? ¿qué espíritu horrendo »suspenso en los aires me eleva tras sí? »mi estrecha garganta se va comprimiento, »no veo, no siento, no aliento… ¡ay de mi! »¿Esto es que el fin de mi existencia toco? »¿esto es sin duda que se muere asi, »la última idea en el cerebro loco »girando en espiral que espira en sí? »Esto es ¡ay! que arrojado en el viento »á su nada el espíritu va, »y anudado en el último aliento »nuestro cuerpo arrebata quizá. »Sin duda, eso es: y yo espiro »rodando en el aire, á la par »lanzando el extremo suspiro »lanzado sin fin á rodar. »Si, voy rodando en el viento »condenado hasta espirar »tan horrible movimiento »á seguir y á no parar. »Y en giro interminable »rodando sin piedad, »caeré en la interminable »sombría eternidad. »Se irá enrareciendo »el aire tal vez, »y yo iré cayendo »con mas rapidéz. »Cual hoja suelta »que lleva el viento »á cada vuelta »voy mas violento: »casi no siento »como las doy »Ciego, desmayo »ya como el rayo »rápido voy. »Ya no siento »como giro; »ya no hay viento »en mi redor. »No respiro, »veo que espiro, »ya es mi aliento »vago, lento, »violento »como último »estertor. »Ya ruedo »sin tino: »ni puedo »camino »buscar, »ni sé »si acaso »podré »mi paso »parar. »Ya vago »perdido: »su lago »el olvido »me extiende »al pie. »Y en vano »me afano; »no hay tino, »no hay mano »que ayuda »me dé. »¡Sin duda »caeré! »Lo creo… »lo sé: »lo veo… »mi sino »tal fue! »Cierto, »sí; »yerto »voy; »caí. »Muerto »soy! »nada hay »aqui. »¡Ay! »fuí.»

Aqui con esfuerzo repentino, hijo de la afanosa agitacion, con que tal pesadilla le oprimia espantado el mancebo despertó. De el camarin por el recinto oscuro tendió los ojos trémulo, el horror del sueño desechar aun no pudiendo ni apartar la verdad de la ficcion. Consigo mismo hablando, y con sus manos reconociendo el lecho en derredor: «¡Jesus! ¿qué es esto? ¿dónde estoy, Dios mio? ¿qué vértigo letal me trastornó? mi fatigado cuerpo aun tembloroso bañado siento de mortal sudor. Impetuoso y rugiente torbellino creí en verdad que me arrastraba en pos por el vacío rápido girando cual átomo que arrastra el aquilon. Hirviente mar de cenagosas ondas me esperaba al caer; denso vapor me quitaba el aliento y los sentidos… di al fin en aquel mar y me sorbió. La bóveda ondulante de sus aguas cerróse sobre mi con lento son, y en su bullente inmensidad oscura la negra eternidad comprendí yo. Pero soñaba, sí; tocan mis manos mi lecho… sueño fue, ¡gracias á Dios! era una fatigosa pesadilla de una noche de Estío, y ya pasó. ¿Qué hora será? por las maderas creo que percibo del alba el resplandor. La luz despejará mi fantasía, la luz serenará mi corazon.» Esto pensando se envolvió en su bata, y en silencio al balcon se dirigió, de donde viendo la ciudad y el campo á la primera luz del nuevo sol, amanecer y comenzar el dia embebido y absorto contempló. Y á fe que es espectáculo halagüeño la tierra ver con el primer albor y luminarse y despertar, creciendo de nueva vida el movimiento y son. ¡Y cuán bello es el dia que amanece, y que contempla libre del pavor de su ensueño fatídico el mancebo, sonriendo á su plácida impresion:

vé que ya lento violento soplo blando, dando va. Para nube tarda sube: tinta roja pinta y da al cielo fulgor y al suelo color. La niebla que puebla la hueca region se trueca aogada en lumbre rosada, que dora la cumbre del verde peñon. La brisa, sonora se pierde indecisa, y suave su son al ave levanta, que canta canora la aurora, que extensa colora la inmensa creacion. Amanece: la luz vaga segun crece desvanece los alientos de vapor que la noche que ha pasado ha dejado en derredor. La tierra entera saluda al dia con la hechicera grande armonía, que en diferentes puros acentos á su arrebol, alzan contentos árboles, fuentes, aves y vientos alborozados con los dorados rayos nacientes del nuevo sol. Ya entero su disco se ve en el espacio: el valle y el risco, la choza, el palacio, la corte, el aprisco bañó su esplendor. Y ardiente cruzando la reja entreabierta, y al hombre llegando le dice: «despierta, bendice al Señor.» Por rejas, miradores, postigos y terreros, sus mil respiraderos franquea la ciudad. Ya parten los obreros, ya van los labradores y bajan los pastores al llano, y los oteros do tienen sus labores ó el pasto mas feráz. Ya por las abiertas rejas do quier se ve á las mujeres sus domésticos quehaceres oficiosas emprender; y aumenta el ruido, y se escucha de los hombres el acento, y se extiende el movimiento de la vida por do quier. Reflejan al sol los tejados de fresco rocío mojados; inunda las calles la luz: caballos y carros que cruzan por entre la gran multitud el polvo al pasar desmenuzan doblando el rumor é inquietud. Ya se vuelve el martillo y la sierra y la voz del que vende á escuchar, y otra vez desvelada la tierra el silencio y la calma destierra y otro dia comienza á pasar. Ya en luz el universo resplandece; la noche entre sus nieblas arrastró los sueños con que el alma desvanece, y la sangre en las venas enardece, y el aliento sofoca, y entumece los miembros del que insomne se agitó. Las vanas quimeras del sueño la mente del joven delante del dia lanzó, y libre y sereno su espíritu siente que calma tranquila le dió nuevamente, y nueva existencia la luz le inspiró. Entonces rebosando su pecho en alegría, inspiracion cristiana llevando su alma en pos, las auras aspirando del sol del nuevo dia, los ojos elevando al que su luz envia, asi exclamó de hinojos ante la luz de Dios: «Señor, yo te conozco: tu omnipotencia creo: »lo mismo en las tinieblas centellear te veo »que al extender el alba su espléndido arrebol. »Tu faz ante mis ojos do quiera resplandece: »Señor, yo te bendigo cuando la noche crece! »Señor, yo te bendigo cuando amanece el sol.»

Y arrebatado asi por la influencia de nuestra santa religion cristiana, bendecia al Señor su inteligencia rezando su oracion de la mañana. Que entonces los gallardos caballeros aunque dados á juegos y amoríos, y llevando á la cinta los aceros, y empeñados en locos desafios del siglo en que vivian á costumbre, sabian mantener de igual manera las modas de la vana muchedumbre y la fe de sus padres verdadera. Entonces, aunque habia protestantes y herejes que amenazaban desquiciar un dia la religion de sus seguros ejes por conviccion ó por iluso vicio, cada cual en su fe se mantenia no desdeñando de ella el ejercicio; los ritos de su fe firme siguiendo, por su creencia con valor muriendo. Asi fueron los nobles castellanos de nuestra edad pasada, y aunque en sangre tal vez tintas sus manos por su Dios y su Rey desenvainada ciñeron siempre con honor la espada; y en el campo á la par como en el templo de piedad y valor fueron ejemplo. Uno de ellos, y tal el joven era actor primero que á la escena sale en esta nuestra historia verdadera, (que salva su verdad bien poco vale). Sangre corre de Vargas y de Osorios por sus venas, y heróicas acciones le dan mas precio aun que sus blasones, aunque merecimientos bien notorios los hicieron ganar á sus pasados de alta virtud y de valor dechados. Tal era, y á empezar se disponia de su persona el especial aseo, para asistir en hora conveniente á decoroso empleo que en la Corte asistia, cuando en su cuarto entrando de repente el paje de inmediato le servia, puso en sus manos blasonado pliego que segun en su sobre prevenia debia ser obedecido luego. Abrióle pues, y visto el contenido, á su paje mandó que le vistiera y que á salir con él se dispusiera: porque su tio Don Miguel de Osorio, alcalde por el Rey de Casa y Corte, á las nueve le cita á su juzgado, y caso deber ser muy perentorio, y mucho es fuerza que á su honor importe cuando con prisa tanta es de él llamado. Con que asiendo su acero, requiriendo la capa y el sombrero para cualquiera trance apercibido, de su paje seguido, salió de su palacio el caballero.