Versos Spanish José Zorrilla 4 (Tal es, Miguel, la relación del…)

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4 (Tal es, Miguel, la relación del…)

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Tal es, Miguel, la relación del loco: si acaeció en verdad o en su manía la forjó su locura, importa poco; mas está tan ligada con la mía, que en mi memoria con terror la evoco, y comienza a dudar mi fantasía si estará a dar razón de su demencia obligada en justicia mi conciencia.

A fuerza de dar vueltas a sus solas a esta duda fatal mi pensamiento, de un mar de confusión entre las olas fluctúa sin cesar mi entendimiento; monstruo de mil cabezas y mil colas, este vigilador remordimiento entre sus garras mil tenaz me aferra, mi alma atribula, mi conciencia aterra.

Hasta he llegado a creer que su relato es el relato de mi propia vida, y que soy la mitad de ese insensato sola una habiendo entre los dos partida; y en fin, por si soy él, de hacerle trato cuanto bien pueda hacer mi alma afligida, y a costa de cualquiera sacrificio ver si consigo devolverle el juicio.

Para esto me aconseja y me suplica el doctor homeópata, mi amigo (que a estudiar estos males se dedica), que identifique a ese infeliz conmigo; que acepte nuestro ser como él le explica, cual dos que a sola un alma dan abrigo, siendo así nuestras obras y manías las mías suyas y las suyas mías.

Yo no sé, buen Miguel, si tú me entiendes, ni seguro estoy yo de si me explico; ni sé tampoco si entender pretendes cómo con otro yo me identifico; mas que hechizos no son, verás, si atiendes, ni sueños con que yo te mixtifico: sin acudir a sortilegio alguno desde hoy el loco y yo formamos uno.

Más claro, en fin, porque mejor lo entiendas: yo escribía un Poema de Granada mientras él escribía sus Leyendas. Vamos, pues, a hacer juntos la jornada y juntos a llevar nuestras ofrendas a la ciudad por ambos adorada; y a la par, cada loco con su tema, él su historia la da, yo mi poema.

Él en sus Mil Leyendas, como en cosas discurridas al cabo por un loco, en narraciones mil maravillosas cuenta su vieja historia poco a poco; él la mece en su cuna de oro y rosas, yo abriendo su ataúd la muerte evoco; contrario, en fin, mi cántico del suyo, él funda su poder, yo le destruyo.

Me pedías, Miguel, mi pobre historia y mil voy a contarte en vez de una. Me preguntas si ya de mi memoria Granada se borró con la fortuna; que me consagro ves todo a su gloria, pues me remonto hasta buscar su cuna: de hoy para siempre con mi suerte unida, suya será mi voz, suya mi vida.

Encantada ciudad, cuyas historias piden del Rey-Profeta el arpa de oro; sultana del Genil, cuyas memorias evoco a solas y en silencio adoro; alcázar oriental, de cuyas glorias envidioso está el mundo: bien el moro dijo al decir que la mansión divina está sobre tu tierra peregrina.

Tras el cendal de tu estrellado cielo se ve la faz de Dios que centellea: no hay quien detrás de tu flotante velo la omnipotencia de su ser no vea: no hay quien escrita en tu fecundo suelo la realidad de su poder no lea: no hay quien contemple tu nocturna calma sin alzarte un altar dentro del alma.

Gemela del Edén, fértil Granada, huerto de aloes donde amor suspira, donde va con esencias perfumada el aura sana que en su espacio gira, tu misteriosa soledad, poblada de árabes genios, languidez inspira, y no encierran los senos de tu sombra el miedo ruin que al corazón asombra.

El canto de los pájaros canoros que anidan en tus bosques, embebece, el ruido de tus árboles sonoros y de tus frescas aguas, adormece: de tu brisa en los pliegues incoloros extasiado el espíritu se mece: todo reposa en ti bajo el imperio de un oriental incógnito misterio.

¡Tierra de bendición!¿Quién no te adora? ¡Tierra de amor donde el placer se anida, en tus dulces recuerdos se atesora toda la gloria de mi inquieta vida! ¿Quién de ti, si te ve, no se enamora? ¿Quién, si de ti se enamoró, te olvida? ¡Bien hizo el que a tus pies por no perderte peleando tenaz buscó la muerte!

Ya sabes qué es de mí, qué es lo que he hecho y lo que voy a hacer, ¡oh, Miguel mío! Ya tu curiosidad he satisfecho franqueando a tus ojos el sombrío pavoroso recinto de mi pecho. No olvides que estas hojas que te envío son, para ti, de mi cariño prenda: para Granada, de mi amor ofrenda.