Spanish poem
La amapola
Flor solitaria y silvestre Que a la luz sacas del sol Cuatro pendones de púrpura Que guarda tosco botón; Pues en el campo te quedas Y yo del campo me voy, Tú con tus hojas de fuego Y con mis lágrimas yo, Dile al alma de mi alma Que voy muriendo de amor; Que entre tus hojas la dejo Un ósculo y un adiós. Porque tú, que habitas triste En las soledades, flor, Los espinos por abrigo, El césped en derredor, Por armonías, del aire La ruda y salvaje voz, Sin tallo que te sostenga Cuando, a la lumbre del sol, Brotando en agua las nubes Se revientan en turbión; Tú, flor, que ostentas tan sola Tan encendido color, Que me pareces tostada Al calor de un corazón, Bien puedes ser mensajera De un enamorado adiós: Que tan sola, pobre y débil, Tan sin follaje ni olor, De pasar en amargura Tu existencia de aflicción, Más razón no se me alcanza Que tu solitario amor.
Porque expuesta al rudo viento Y a la intemperie olvidada, Recuerda tu nacimiento La soledad y el tormento Del ánima enamorada. Porque insensible a otra idea Que al delirio de tu amor, El zarzal que te rodea Y el vendaval que te orea, Dan encanto a tu dolor. Ni sientes del cierzo el ala Que te sacude y arruga, Ni cómo el tronco te escala, Hollando la torpe oruga Tu tosca y silvestre gala. Ni cómo el áspero espino Te rasga el manto de grana Cuando sacude sin tino Sobre tu pompa liviana Su ropaje campesino. Y pues sé, triste amapola, Que ese encendido color Que el rojo sol tornasola No es más que un barniz de amor, Y por amor vives sola; Pues yo parto por amores ¡Oh flor! muy lejos de aquí, Y en ti no he encontrado olores Como encontré en otras flores Que por los jardines vi, En tu cáliz dejo preso Un ósculo y un adiós; Si te agobia tanto peso, Guárdale a mi amor el beso, Que para ella son los dos