Spanish poem
La Carrera — I (Lanzóse el fiero bruto con…)
Lanzóse el fiero bruto con ímpetu salvaje Ganando á saltos locos la tierra desigual, Salvando de los brezos el áspero ramaje, Á riesgo de la vida de su jinete real. Él con entrambas manos le recogió el rendaje Hasta que el rudo belfo tocó con el pretal: Mas todo en vano: ciego, gimiendo de coraje, Indómito al escape tendióse el animal.
Las matas, los vallados, las peñas, los arroyos. Las zarzas y los troncos que el viento descuajó. Los calvos pedregales, los cenagosos hoyos Que el paso de las aguas del temporal formó. Sin aflojar un punto ni tropezar incierto, Cual si escapara en circo á la carrera abierto, Cual hoja que arrebatan los vientos del desierto. El desbocado potro veloz atravesó.
Y matas y peñas, vallados y troncos En rápida, loca, confusa ilusión Del viento á los silbos, ya agudos, ya roncos, Pasaban al lado del suelto bridón. Pasaban huyendo cual vagas quimeras Que forja el delirio, febriles, ligeras, Risueñas ó torvas, mohinas ó fieras, Girando, bullendo, rodando en montón.
Del álamo blanco las ramas tendidas, Las copas ligeras de palmas y pinos, Las varas revueltas de zarzas y espinos, Las yedras colgadas del brusco peñón, Medrosas fingiendo visiones perdidas, Gigantes y monstruos de colas torcidas, De crespas melenas al viento tendidas, Pasaban en larga fatal procesión.
Pasaban, sueños pálidos, antojos De la ilusión: fantásticos é informes Abortos del pavor: mudas y enormes Masas de sombra sin color ni faz. Pasaban de Al-hamar ante los ojos, Pasaban aturdiendo su cabeza Con diabólico impulso y ligereza, En fatigosa hilera pertinaz.
Pasaban y Al-hamar las percibía Pasar, sin concebir su rapidez, En más vertiginosa fantasía, En más confusa y tumultuosa orgía, Más juntas, más veloces cada vez: Y atronado su espíritu cedía Á la impresión fatídica, y corría Frío sudor por su morena tez.
Y en su faz estrellándose el viento, La ponía en nerviosa tensión, Y cortaba el camino al aliento, Y prensaba el cansado pulmón; Y, golpeando en sus sienes sin tiento De su sangre el latido violento, Sus oídos zumbaban con lento Y profundo y monótono són.
Ya creía que, huyendo el camino Del corcel bajo el cóncavo callo, Galopaba sobre un torbellino, Mantenido en su impulso no más; Ya creía que el negro caballo, Por la ardiente nariz y los ojos Despidiendo metéoros rojos, Rastro impuro dejaba detrás.
Ya sorbido por denso nublado, Con la lluvia, el granizo y centellas De que lleva su vientre preñado, Cree que va fermentando á la par; Nubes cruza tras nubes, y en ellas, Del turbión al impulso sujetos, Mira mil nunca vistos objetos Remolinos eternos formar.
De este vértigo horrible transido Caminaba á las riendas asido, En los corvos estribos seguro Y entre el uno y el otro borrén Empotrado, dejando abatido Por el bruto llevarse en lo obscuro: Y empezaba á perder el sentido Del escape mareado al vaivén.
Rendido y las fuerzas perdiendo Al vértigo intenso cedió; Y loco el cerebro sintiendo, Los ojos cerrar no pudiendo La ciega mirada fijó, Tenaz contracción manteniendo No más su equilibrio, y corriendo Cual otro fantasma siguió.
Y espacios inmensos cruzando, Y atrás á la tierra dejando, Las vallas de sombra saltando Que cercan el mundo mortal, Creyóse su mente perdida En tierra jamás conocida, Región de otra luz y otra vida, De atmósfera limpia é igual.
Y vió que un alba serena Con blanquísimos reflejos Amanecía á lo lejos En esta nueva región: Y el alma, exenta de pena Cruzando el éter tranquilo, Volaba á un eterno asilo En otra inmortal mansión.
Suavísimo arrobamiento, Deliquio dulce invadióle, Y encima del firmamento En el Edén se creyó. Luz vaga alumbró su mente Y ante los ojos pasóle El Paraíso esplendente Que Mahomad visitó.
El místico y nocturno Viaje del Profeta Juzgó que iba á su turno Sobre el Borak á hacer: Y la ilusión sujeta Á lo que de él relata La bóveda de plata De un cielo empezó á ver.
Los astros vió suspensos De auríferas cadenas Y sus lumbreras llenas De espíritus de luz: Espíritus inmensos En formas de caballos, De corzos y de gallos De enorme magnitud.
Vió islas encantadas Flotando en los espacios, Con templos de topacios Y muros de marfil: Y casas fabricadas De nácar, cuyas puertas De ébano dan abiertas Sobre jardines mil.
Allí sobre alhamíes De cedro y palo-rosa, Bajo la sombra undosa Del tilo y del moral, Yacer vió á las huríes Que, á mil amores tiernas, Conservarán eternas Su gracia virginal.
Y atravesó campiñas Fresquísimas y amenas De bosques de ámbar llenas Y cerros de cristal, Y prodigiosas viñas, Que en frutos dan opimos Las perlas en racimos En tallos de coral.
Vió grutas pintorescas Por Sílfides moradas, Cubiertas sus portadas Bajo el flotante tul De mil cascadas frescas Que, atravesando prados De hermoso añil sembrados, Van tintas en su azul.
Caer las vió en riberas Donde reposan mansos Los monstruos y las fieras De tierra, viento y mar: Y en plácidos remansos, El sueño entreteniéndolas, Vió cisnes y oropéndolas Bañarse y juguetear.
Y vió dorados peces En tumultuoso bando Á flor de el agua á veces Pacíficos nadar, Y á veces, elevando Por cima de las olas Los lomos y las colas, La orilla salpicar.
Vió luego estos ríos Crecer sin vallares, Perdiéndose en mares De leche y de miel: Y en ellos navíos Do van los amores Meciéndose en flores De uno á otro bajel.
Murmullo tras ellos Levantan sonoro Mil góndolas de oro De concha y marfil, Do van Silfos bellos Vogando con velas De chales y telas De seda sutil.
Espuma levantan Inquietos remando Los mil gondoleros Que van tripulando Los barcos veleros; Y danzan ligeros Y armónicos cantan Alegre canción:
Y mil gayas aves, Que siguen las naves, Al sol esponjando Sus plumas distintas De mil varias tintas De azul, gualda y oro, Imitan en coro Del cántico el són.
Al lejos el viento Responde á su acento Allá en la arboleda Moviendo rumor: Y el eco, que atento En lo alto se queda, Burlón le remeda Cual sabe mejor:
El cuadro divino, La paz, la ventura, Perfume, frescura, Y luz celestial De aquel peregrino País, torna pura Al rey granadino La calma vital.
Y en rápido vuelo Pacífico y blando Los aires surcando Se siente llevar: Y ve que, sin suelo Do fije el caballo El áspero callo, Cruzando va el mar.
Del líquido el fondo Contempla pasando, Y alcanza mirando Del agua al trasluz El álveo redondo, Que puebla radiante Cohorte flotante De peces de luz.
Sutiles vapores Le impelen süaves Y costas y naves Se deja detrás: Y espacios mayores Cruzando en su vuelo Aborda del cielo Las costas quizás.
Avanza y niebla Pálida ve Que el aire puebla, Según pie á pie Ganando va Aquel extenso Espacio inmenso Do errando está: Y le parece Que se ennegrece Mar, niebla y viento En torno de él, Y que se acrece Cada momento El movimiento De su corcel. Anochece, Y obscurece Más apriesa Cada vez El ambiente, Que se espesa Con creciente Lobreguez. El camino Desparece: Y, sin tino Ni destino Que comprenda, Sobre senda Audazmente Carrilada Por un puente De movible Tirantez, Tan delgada Como el hilo En que se echa Descolgada Una oruga, Como arruga Que en tranquilo Lago tiende Cuando hiende Su agua el pez, Tan estrecha Como el filo De una espada, Como flecha Disparada, Cual centella Desatada, Va sin huella Perceptible El perdido Nazarita, Con horrible É infinita Rapidez.
Es el puente De la vida, Que la gente Á luz venida Ha por fuerza De pasar. El que intente Y haga entera Su carrera, Y de frente Sin caída La salida Logre hallar, Por las puertas Celestiales Á las huertas Inmortales Como un ángel Ha de entrar, Las delicias Eternales Y los gustos Perenales De los justos Á gozar.
Á este paso Tan estrecho, (Cuyo escaso Corto trecho Es camino Tan dudoso De cruzar, Pero fallo Riguroso Del destino Y ley santa Que acatar), Se adelanta Vigoroso El caballo Misterioso De Al-hamar.
Temeroso De mirar, Espumoso, Siempre hirviente, Rebramando Eternamente Y azotando Siempre el puente Con horrísono Bramar, Bajo de él Hierve el mar. ISRAFEL Allí está Para ver El que va Sin caer, Y pasar No dejar Al infiel: Y he aquí Que por él Va á pasar El corcel De Al-hamar:
Llega, avanza: Ya se lanza, Ya en él entra. Ya se encuentra Suspendido Sobre el puente Sacudido Por el piélago Bullente, Cuyo cóncavo Rugido Se levanta Sin cesar. Aturdido, Sin mirar Á la indómita Corriente Que le espanta, Sin osar Aspirar El ambiente Que le anuda La garganta, Sin que acuda Tierra ó cielo En su ayuda, Vuela y pasa, Justiciero Rey prudente, Juez severo Y valiente Caballero, El primero De la casa De Nazar.
El puente Vacila El Príncipe Oscila, Perdido El sentido, Demente, Transido De horror.
Ya toca La opuesta Ribera: Ya poca Carrera Le cuesta. ¡Valor! Ya llega: Le ciega El pavor. ¡Ah! ¡Dadle Favor! ¡Salvadle, Señor!
Saltó. Pasó Con bien Y allá Cayó De pie. Salvo Fué, ¡Oh! Ya ¿Quién Ve Do Va?