Versos Spanish Juan Eugenio Hartzenbusch Más De Un Siglo Se Contaba

Spanish poem

Más De Un Siglo Se Contaba

by (1806–1880)

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Más de un siglo se contaba Desde que el gran Calderón, El cetro de nuestra escena En su tumba sepultó. De allí su genio seguía Reinando sin sucesor; Que a serlo Bances en vano, Zamora en vano aspiró. Y el fecundo Cañizares, Conociéndose mejor, Intentaba y resistía La arrogante pretensión. Pasaba el tiempo, trocando, Con movimiento veloz, Usos, doctrina y costumbres En el imperio español. Y entre aplausos, a La dama Duende, y La banda y la flor, España un Molier pedía, Sin pensar en Alarcón. La musa de Inarco entonces Las tablas avasalló, Desde Madrid a donde antes El inca adoraba el sol. ¡Caro triunfo, que pagaron Luengos días de dolor! Sin ser la victoria crimen Se le exige expiación. Así a la patria tuvieron Que decir doliente adiós, Otros genios que ahuyentaba Sañuda la proscripción. El gran cantor de Pelayo Y aquél que inmortalizó De la viuda de Padilla El indomable tesón; El que supo devolver A Lanuza vida y voz Para esforzar la defensa De los fueros de Aragón; Y aun aquél que para todos Indulgencia reclamó, No la hallaron bajo el cielo Fulgente con su esplendor. Entonces fuerte poder, Con los vencidos feroz, De la diestra de un soldado El noble acero arrancó. Y Talía en ella puso Arma de alcance mayor, Y la pluma de Menandro Fue en desquite el rico don. Y corren ya nueve lustros, Y de Valencia al Ferrol Llenan el teatro el nombre Y el gracejo de Bretón. Le dio Celenio su tino De sagaz observador; Tirso y Moreto en el chiste La encantadora dicción. Y en el rústico labriego Y el atildado señor, Y bajo el techo de juncos Y el esculpido artesón, Vicio persiguió y flaqueza, Y juez igual con los dos, En rimas de oro les hizo Ser pública diversión. Cien fábulas, grande el número Y el mérito no menor, Ya regocijadas, ya Con gravedad en sazón; Fallos de benigna ley, Victorias contra el error, La España toda corriendo Hasta el último rincón, Lograron no hubiese en ella Noche sin alto loor De Marcela y sus hermanas A la hermosa exposición. ¡Bien haya el plácido ingenio, Bien haya el diestro censor, Que acusa, y la risa mueve Del mismo a quien acusó! Los horrores y torpezas Del crimen aterrador, Y la más aterradora Para el íntegro varón, Ingeniosa o petulante Rebozada o sin rubor, Apoteosis del vicio, Tósigo moral atroz, Jamás cabida encontraron En la mente del autor, Gloria de Quel y Rioja, Gloria del pueblo español. Quede a la posteridad La fácil declaración Que a los cantos de su lira Lugar señale y valor; Y si Góngora y Quevedo Deben con él, en razón, De sátiras y letrillas Partir el jovial honor; Y si desde Vega (Lope) A Vega (Ventura), oyó Sonar sus gracias Talía Con más regalado son. Los que aparecer le vimos Astro de luz superior, De la escena desterrando La tiniebla en que yació; Y le admiramos ayer, Y le veneramos hoy, Gratos discípulos, sí, Dignos del Maestro, no. Vida y gloria, bien sin tasa, Pedimos por él a Dios, Y este don le consagramos De fe, gratitud y amor.