Versos Spanish Juan Eugenio Hartzenbusch Murió. —Cual Yerto Quédase

Spanish poem

Murió. —Cual Yerto Quédase

by (1806–1880)

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Murió. —Cual yerto quédase, Dado el postrer latido, Del alma excelsa huérfano, El cuerpo sin sentido, Tal con la nueva atónito El universo está. La hora contemplan última Del hombre del destino, Y dudan que en el cárdeno Polvo de su camino Pie de mortal imprímase, Que le semeje ya. Le vi en el trono fúlgido Y fue mi lengua muda; Cayó, se alzó, y postráronle Por fin en lid sañuda; Y al recio grito múltiple Voz no añadí jamás. Virgen de injuria pérfida Y encomio lisonjero, Mi Musa, cuando súbito Se oculta el gran lucero, Rinde a la tumba un cántico, No efímero quizás. Del Alpe a las Pirámides, Del Rhin al Guadarrama, Lanzó tras el relámpago Él la celeste llama: Hirió de Scila el Tánaïs, Y de uno al otro mar. Si esto fue gloria, júzguelo Futura edad; la nuestra Humíllese al Altísimo, Que dilatada muestra De su potente espíritu Quiso en el hombre dar. El zozobroso júbilo Que un gran designio cría, Los indomables ímpetus De quien reinar ansía, Y obtiene lo que fuérale Vedado imaginar. Todo lo tuvo: obstáculos Grandes y grande gloria, Y proscripción y alcázares, La fuga y la victoria; Se vio dos veces ídolo, Dos pereció su altar. Dos siglos combatíanse Cuando su voz oyeron, Y a él como a ley fatídica Sumisos acudieron: Callar les hizo, y árbitro Sentose entre los dos. Y de honda envidia y lástima Objeto en su caída, Cerrada en breve círculo Desperdició su vida, Odio y amor sin límite De sí dejando en pos. Envuelve y hunde al náufrago Ola que, alzándole antes, Dejaba que en el piélago Con ojos anhelantes Buscara en vano el mísero Tierra distante de él. Así abismaba al héroe Tanto recuerdo amargo: Él de historiarse impúsose Mil veces el encargo, Y mil cayole inválida La mano en el papel. Mil veces, ¡ay! al tétrico Fin de inactivo día, Bajas las ígneas órbitas, Brazos con pecho unía, Y le asaltó en imágenes El esplendente ayer. Y vio las tiendas móviles, Y armas la luz volviendo, Y el galopar belígero Valles henchir de estruendo, Las imperiosas órdenes Y el pronto obedecer. Quizás, ¡ay! de la pérdida Rendido al desconsuelo, Desesperó; mas próvida Mano llegó del cielo, Y a la región vivífica Piadosa le llevó. Donde floridos tránsitos Ofrece la esperanza Al campo en que magnífico Premio sin fin se alcanza, Y noche muda tórnase La gloria que pasó. Bella, inmortal, benéfica Fe, por do quier triunfante, De un nuevo triunfo alégrate: Cerviz más arrogante Al deshonor del Gólgota Nunca se doblegó. Libra los restos flébiles Tú de injurioso acento: Dios que alza y postra, dándonos Tribulación y aliento, Ya solitario el túmulo, Al lado vigiló.