Spanish poem
La tarde
by Julio Zaldumbide Gangotena (1833–1887)
Con majestad sublime el sol se aleja, y el extendido cielo a las encapotadas sombras deja, que ya le cubren con umbroso velo.
¡Qué solemne misterio! ¡Qué profunda de paz y de oración grave tristeza. ya el sol llega al ocaso y la noche le sigue a lento paso.
En duelo universal naturaleza se despide de aquel que la fecunda: triste el cielo se enluta, gime el viento, el mundo eleva unísono lamento.
Ya el rumiador ganado lentamente desciende por la húmeda colina; cansado el labrador deja la era y a su rústica choza se encamina.
¡Qué misteriosa el aura pasajera suspira y pasa! El ave en sordo vuelo por las ramas se mete en pos del nido. Sólo se oye el zumbido de los insectos, que tal vez lamentan desde la yerba del humilde suelo la partida del claro rey del cielo.
¡Adiós, sol refulgente! Yo también uniré mi voz humilde a la voz elocuente en que un sentido adiós te envía el mundo. Tú no puedes parar, ni más despacio puedes seguir tu arrebatado giro; la mano omnipotente a recorrer te impulsa sin reposo las vastas soledades del espacio, esos serenos campos de zafiro; pero mañana volverás glorioso a darnos vida y luz, astro fecundo...
De la meditación la voz me llama a vagar solitario en la arboleda. Anhelo ahora soledad, silencio... allí los hallaré. El aura leda duerme en las flores y la blanda grama el son apaga de mis pasos lentos.
Como las sombras cunden de la umbría noche en el cielo, así en el alma mía cunden ya dolorosos pensamientos; y una hoja que desciende, algún eco fugaz, una avecilla que errante y solitaria el aire hiende, la leve nubecilla que viaja a reclinarse allá en el monte, o a perderse lejana en el vago horizonte; todo me causa una emoción profunda, me aprieta el alma una indecible pena y de improviso mi pupila inunda de inesperado llanto amarga vena.
¡Melancólica tarde, tarde umbría! Desde que pude amar me unió contigo irresistible y dulce simpatía. Tú fuiste siempre confidente mía, tú fuiste, tú el testigo de mis más tiernos e íntimos deseos y locos devaneos; tú de mi corazón, tú de mi alma el seno más recóndito conoces. ¿Qué lágrimas vertí que no las vieras? ¿Exhalé alguna vez triste suspiro que errando con las auras no lo oyeras? ¿Qué secreto agitó nunca mi seno que a tus calladas sombras lo ocultara? ¡Qué de sueños de amor y de ventura, qué de ilusiones halagüeñas viste en mi pecho formarse con esperanzas halagarme el alma y para siempre en humo disiparse...!
Todo esto, ¡ay infeliz, todo me acuerda esa tu sombra triste y sin poder valerme huye la calma del centro de mi espíritu agitado y el dique rompe en férvido torrente, el llanto, por mis ojos desbordado...!
¡Es preciso olvidar! Córrase el velo del olvido sobre ese de amargura pasado tiempo. A mi dolor consuelo sólo tú puedes dar, alma natura; yo por ti el mundo abandoné engañoso, para buscar en ti dulce reposo.
¡Oh, tarde! Estas heridas mal cerradas que aún sangran y renuevan mi tormento, pasará el tiempo y las verás curadas. Nunca de hoy más, halagará mi oído de pérfida ilusión el dulce acento, ni buscaré la flor do está la espina. Quiero vivir contento en esta amable estancia campesina, aquí cavaré tumba a mis dolores; y ajeno de ambición, de envidia ajeno aquí (si tanto diérame la suerte) como tu sombra espero cada día esperaré sereno esa de la existencia tarde umbría, nuncio feliz de la esperada muerte.