Spanish poem
No Para Mí Los Anchurosos Valles
by Manuel Bretón de los Herreros
No para mí los anchurosos valles, ¡Oh sol! coronas de precoz espiga; No a mi placer consolador majuelo Dora tu llama. No yo a gozar de tus hermosos rayos Cuando la escarcha del Enero rompes La ijada hiriendo de alazán brioso Cruzo la vega. ¿Qué alumbra mío tu fulgente carro? ¡Ah! ¿Qué me anuncia que dolor no sea? ¿Cuándo a templar de mi destino el ceño, Cuándo amaneces? Aguija al menos tu cuadriga, ¡oh Febo!; Hiende veloz el eternal zafiro, Y allá perdido en los profundos mares Huye a mi vista. ¡Cuánto más grata a mi abrasado pecho De Cintia luce la dudosa tea Cuando retarda su tranquilo curso Tétrica nube! ¡Oh de Morfeo bonanzosa madre! ¡Oh dulce tregua a los afanes míos! Ven. Tiende al orbe el misterioso manto, Lóbrega Noche. Yo te deseo como al nueva De virgen rosa purpurado cáliz; Y no es mi seno al horroroso crimen Bárbaro asilo. Ni tanto es fiero tu atezado rostro Que al hombre infunda merecido espanto. Más de una vez en hermosura y pompa. Vences al día. No siempre en torno a tu dosel umbroso Rugen los vientos y el olimpo truena; No siempre arrasa los floridos campos Árido hielo. ¡Cuán apacible en el ardiente Julio Con mil estrellas tachonando el cielo Reposo al hombre y al vergel envías Céfiro leve! ¡Oh cuánto es dulce sobre el haz dorado Libre tender los fatigados miembros Cuando en los brazos del pastor querido Vela Diana! Todo es sosiego. Murmurando apenas Desciende al mar el argentado río. Susurra apenas en tu copa el aura, Plácido fresno. Sólo el silencio de la noche viola Suave cantar de codorniz amante, O allá a lo lejos el zagal sonando Rústica avena. ¡Horas felices! Corazón helado Yace en el seno del mortal que os odia. ¡Horas de paz! En alabanza vuestra Suene mi lira. Si el sol recrea y reverdece el campo, También su hoguera lo consume activa; Si alguna vez a la virtud alumbra, ¡Cuántas al crimen! ¡Oh infausto siglo! Las nocturnas sombras, Gratas un tiempo a los malvados fueron. Hoy no; que impunes a la luz sus ojos Alzan osados. ¡Oh Noche! En tanto que tranquilo sueño El vil traidor y el asesino duermen, Tú los prodigios de Natura sabia Plácida velas. ¿Por qué te llaman de la muerte imagen? ¡Oh sacrilegio! Cuanto puebla el mundo A ti su vida y sus delicias debe, Próvida Noche. Y tú de amor, que las tinieblas ama, Los dulces hurtos con tu negro manto Cubres amiga; y el amor mi culto Lleva a tu templo. Almas sensibles a la grata herida Que el niño alado sonriendo graba, ¿Cuál de vosotras negará a mi canto Precio sublime? No empero, oh Noche, tus tranquilas horas Torpe conato a bendecir me impele. No amor venal de meretriz infame Guía mi planta. Ni el sacro lecho del ausente esposo Corro a manchar; ni seductor aleve De incauta virgen a la fama tiendo Pérfido lazo. Vuelo a la choza de mi Silvia bella, Mansión celeste de inocencia pura: De Silvia bella, que me llama, ¡oh gloria! Bien de su vida. Feliz entonces mi destino acerbo Lanzo al olvido con la luz febea; Y apenas puede contener el alma Júbilo tanto. Ora ingeniosa a las palabras yertas Que a la importuna sociedad dirige Sabe mezclar para embeleso mío Blandos amores. Ora sus labios deliciosos ríen; Ora en sus ojos mi ventura leo, Ora en las mías al descuido encierra, Cándida mano. Ora... Mas ya del perezoso día Lánguida brilla la remota lumbre. Silvia me espera. —Protectora Noche, Dame tus alas.