Spanish poem
Introduccion — VI (Ataide, mudo, asombrado)
by Manuel Fernández y González (1821–1888)
Ataide, mudo, asombrado, en negras ánsias perdido, en la duda estremecido, en un misterio anegado, dudando si era soñado aquel torrente de hiel, ó una realidad cruel que su esperanza rompia, á su madre sostenia, ansiosa abrazada á él.
Luégo miró con espanto que agitada, convulsiva, por la boca sangre viva, por los ojos triste llanto, lanzaba Ayela, y que en tanto la muerte apagaba impura de sus ojos la hermosura, y con mate palidez manchaba la limpidez de su nítida blancura.
Soportando su agonía, Ayela, terrible, fuerte, con la incontrastable muerte pugnaba en lucha bravía; su palabra se perdia oscura, ronca é incierta, y muy pronto helada, yerta, dejando á Ataide perdido en un misterio, un gemido de dolor la dejó muerta.
Representar la amargura es de Ataide empeño vano; no tiene el lenguaje humano voz para tal desventura. Preguntad á la locura y os responderá inclemente: —Yo, del dolor en la fuente, mato al alma infortunada: soy la sombra, soy la nada en un cadáver viviente.—
Y así Ataide. Al golpe rudo, inesperado, violento, anulado el sentimiento, insensible, inerte, mudo quedóse, y luégo, sañudo, vuelto en sí, con la voz fiera, —¡Venganza—gritó—aunque muera en mi venganza mi amor! ¡Ay madre de mi dolor! ¡jamas á mi Leila viera!—
Y sus lágrimas brotaron, y sus labios contraidos, entre dolientes gemidos, la faz de Ayela besaron; luégo sus brazos la alzaron, sobre el hombro la cargó, desatentado partió con el vértigo en la mente, y gruñendo en són doliente el fiel Radjí le siguió.
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