Spanish poem
Cántico De Moisés
by Miguel Antonio Caro Sánchez
¡Cantemos al Señor! El prez compete Todo entero al Señor, que en el profundo Precipitó el caballo y el jinete. Así ostentando su poder al mundo Se hizo mi salvador: mi confianza, Mi gloria en él, mi fortaleza fundo. Este es mi Dios, el Dios de mi esperanza; Este el Dios de mis padres: reverente. Publicará mi labio su alabanza. Él en nuestra defensa de repente, Armado cual fortísimo guerrero, Apareció: su nombre, Omnipotente. Los carros, el ejército altanero Hundió de Faraón; sus escogidos, Como peñón que por derrumbadero Cae a la mar, cayeron; sumergidos Quedaron; los tragaron sin enmienda Los abismos en alto divididos. ¡Señor! tu diestra alzada con tremenda Fuerza y poder, al enemigo ataja Enmedio allí de su gloriosa senda, Lo abate al polvo y lo confunde; baja Luego sobre él tu ira y lo devora Cual rayo ardiente a la menuda paja. De tu ira al soplo alzáronse a deshora Las aguas, y su curso suspendiendo, Consolidose la onda bullidora. Y entonces dijo el enemigo horrendo: «Los seguiré, y el corazón sañoso Hartaré, sus despojos compartiendo. »Ninguno escapará del poderoso Hierro con que mi mano fulminante Segará sus cabezas sin reposo». ¡Mas tu aliento soplando en el instante Le hizo desparecer de las orillas, Cual plomo hundido en la ola amenazante! ¿Quién como tú, que lo encumbrado humillas, Señor? ¿Quién santo y adorable y fuerte, Quién como tú hacedor de maravillas? Tendiste el brazo; abriose a obedecerte La tierra, y sepultó la hueste impía: ¡Así a tu pueblo salvas de la muerte! Sírvele ahora, sírvele de guía. Hasta ponerle en la morada santa Do estableces, Señor, tu monarquía. Óyelo, y envidioso se levanta El pueblo infiel: gimiendo y conturbados Los filisteos caen a tu planta. Los príncipes de Edom, los esforzados Desmayan de Moab; los habitantes Ríndense de Canán amedrentados. Así torpe temor a los pujantes Portentos de tu mano, los embista; Así su fuerza y corazón quebrantes, Que se enclaven cual piedras: a su vista Caminará tu pueblo sin contraste, Este pueblo, Señor, que es tu conquista. Tú al monte de Sïon, donde fijaste Tu herencia, allí le llevarás clemente, Monte que por tus manos fabricaste, Y allí le plantarás. Omnipotente Tú por los siglos, y aun allá adelante Reinas; tú que los carros y la gente De Faraón armada, del sonante Mar Rojo hundiste en las cavernas hondas; ¡Tu pueblo empero caminó triunfante Con planta enjuta en medio de las ondas!