Spanish poem
Cual Del Rayo La Fiel Ministradora
by Miguel Antonio Caro Sánchez
Cual del rayo la fiel ministradora, A quien el reino de las aves dio De los dioses el rey, cuando a deshora Al rubio infante arrebató veloz; Que se apartó del nido a los primeros Impulsos de su ingénita altivez, E idos los vernales aguaceros, Sobre las auras vaciló después; Audaz más tarde impetuosa embiste A los rebaños ; invencible al fin Busca al fiero dragón que la resiste, De presa ansiosa y de sangrienta lid: O cual león que de la madre roja Separado, los dientes a ensayar, Sobre la cabra tímida se arroja Que incauta pace en el florido val; Druso en tal modo su denuedo ostenta Cuando anheloso de luchar, al pie De los réticos Alpes se presenta Y con temblor los bávaros le ven. Quién de hachas amazónicas el uso Entre ellos, en la oscura antigüedad, Introdujera, averiguar excuso; Ni todo al hombre revelado está. Mas su nación que entre naciones tantas Potente en triunfos se ostentó sin fin, Vencida entonces conoció, a las plantas Derribada del joven adalid, Adonde alcanza el ánimo robusto Que en fausto alcázar se educó en el bien; Cuánto el cuidado paternal de Augusto Fecundo en pro de los Nerones fue. Fuertes engendra el fuerte: el brío asoma De la raza, en el toro, en el bridón: ¿Alguna vez la tímida paloma Se vio nacer del águila feroz? ¡Jamás! Pero el ejemplo y la enseñanza Mas fuerza a pechos generosos dan: Y allí do el vicio se introduce, alcanza La heredada virtud a mancillar. ¡Roma! el Metauro ensangrentado diga Cuánto de los Nerones al valor Debes; dígalo el sol que la enemiga Oscuridad de Italia disipó, Y nos pudo el primero, coronado De sagrada victoria, sonreír, Desde que el africano desbordado Recorrió nuestro mísero país ¡Como entre seco matorral serpea Tal vez el fuego rápido y voraz, como el Euro indómito espolea Sus caballos flamígeros al mar! Hijos tuyos de entonces vencedores Empuñaron, ¡oh Boma! tu pendón, Y númenes se irguieron vengadores En los templos que el peno devastó. Sincero Aníbal por la vez primera, «Vamos cual ciervos», —triste dijo al fin—, «En pos del lobo, cuando triunfo fuera Burlar sus iras con astuto ardid. »Esa nación que por los anchos mares A la playa latina trasladó Niños y ancianos y vencidos lares Que arrancara a las llamas de Ilïon, »Se alza entre ruinas con aliento doble, Cual en la álgida selva, que a la luz Entradas niega, desmochado el roble Saca vigor de la tenaz segur. »Cortada siempre y siempre recreciendo, No empero a Alcides con fiereza tal La hidra aterró, ni monstruo tan horrendo Coicos ni Tebas abortó jamás. »¡Arrojadlos al mar; saldrán más fieros! ¡Postradlos; se alzarán para vencer! Nunca falta proeza a sus aceros Que grato asunto a sus esposas dé. »No ya a Cartago nuncios de victoria Aguardar cabe ni esperar salud: ¡Marchito está el laurel de nuestra gloria! ¡Todo, Asdrúbal, cayó, cayendo tú!» ¿Quién ya pondrá a los Claudios resistencia? Jove benigna protección les da, Y con valor regido de prudencia, Terribles trances saben arrostrar.