Versos Portuguese Visconde de Almeida Garrett João Batista da Silva Leitão de Almeida Garrett Ii

Portuguese poem

Ii

by

Listen in the reader

—Gerineldo, Gerineldo, El mi page mas querido, Quisiera hablarte esta noche En este jardim sombrio. —Como soy vuestro criado, Señora, os burlais conmigo. —No me burlo, Gerineldo, Que de verdad te lo digo. —¿A qué hora, mi señora, Comprir heis lo prometido? —Entre las doce y la una, Que el rey estará dormido.— Tres vueltas da á su palacio Y otras tantas al castillo; El calzado se quitó Y del buen rey no es sentido: Y viendo que todos duermen Do posa la infanta ha ido. La infanta que oyera pasos Desta manera le dijo: —¿Quién a mi estancia se atreve? Quién á tanto se ha atrevido? —No vos turbeis, mi señora, Yo soy vuestro dulce amigo, Que acudo a vuestro mandado Humilde y favorecido.— Enilda le ase la mano Sin mas celar su cariño; Cuidando que era su esposo En el lecho se han metido, Y se hacen dulces halagos Como mujer y marido. Tantas caricias se hacen, Y con tanto fuego vivo, Que al cansacio se rindieron Y al fin quedaron dormidos. El alba salia apénas A dar luz a campo amigo, Quando el rey quiere vestirse, Mas no encuentra sus vestidos: —Que llamen á Gerineldo El mi buen page querido.— Unos dicen:—No está en casa.— Otros dicen:—No lo he visto.— Salta el buen rey de su lecho Y vistióse de proviso, Receloso de algun mal Que puede haberle venido, Al cuarto de Enilda entrara, Y en su lecho halla dormidos Á su hija y á su paje En estrecho abrazo unidos. Pasmado quedó y parado El buen rey muy pensativo: Pensándose qué hará Contra los dos atrevidos. —¿Mataré yo á Gerineldo, Al que cual hijo he querido? ¡Si yo mataré la infanta Mi reino tengo perdido!— En tal estrecho el buen rey, Para que fuese testigo, Puso la espada por medio Entre los dos atrevidos. Hecho esto, se retira Del jardin á un bosquecillo. Enilda al despertarse, Notando que estaba el filo De la espada entre los dos, Dijo asustada á su amigo: —Levántate, Gerineldo, Levántate, dueño mio, Que del rey la fiera espada Entre los dos ha dormido.— —¿Adónde iré, mi señora? ¿Adónde me iré, Dios mio? ¿Quién me librará de muerte, De muerte que he merecido? No te asustes, Gerineldo, Que siempre estaré contigo: Márchate por los jardines Que luego al punto te sigo.— Luego obedece á la infanta, Haciendo cuanto le ha dicho: Pero el rey, que está en acecho, Se la hace encontradizo: —¿Donde vas, buen Gerineldo? ¿Como estás tan sin sentido? —Paseaba estos jardines Para ver se han florecido, Y vi que una fresca rosa El calor ha deslucido.— —Miéntes, miéntes, Gerineldo, Que con Enilda has dormido.— Estando en esto el Sultan, Un gran pliego ha recebido: Abrelo luego, y al punto Todo el color ha perdido. —Que prendan á Gerineldo: Que no salga del castillo.— En esto la hermosa Enilda Cuidosa llega á aquel sitio. De lo que pasa informada, Y conociendo el peligro, Sin esperar á que torne El buen rey enfurecido, Salta las tapias lijera En pos de su amor querido. Huyendo se va á Tartaria Con su amante y fiel amigo, Que en un brioso caballo La atendia en el egido. Alli, ántes de casarse, Recibe Enilda el bautismo, Y las joias que lleva En dos cajas de oro fino Una vida regalada A su amante han prometido.

More by Visconde de Almeida Garrett João Batista da Silva Leitão de Almeida Garrett

All 225 poems by Visconde de Almeida Garrett João Batista da Silva Leitão de Almeida Garrett