Versos Spanish Adolfo Berro La Cárcel Y Los Detenidos

Spanish poem

La Cárcel Y Los Detenidos

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La cárcel ne debe acarrear sufri- miento alguno ni privación que no sea indispensable, ni mucho menos influir morarmente.

Allí en la ancha plaza do encumbra su frente, Velado entre sombras, el templo inmortal, Allí la morada se eleva, al Oriente, Del hombre que sigue la senda del mal. Pavor pone el verla de noche pasando Al trémulo rayo de pálida luz; Parece en el techo fantasma posando Mirar con escarnio de Cristo la cruz. Arrojan continuo palabras atroces Sus labios malditos con risa febril; Y se oyen al punto las lúgubres voces Que exhalan los reos sujetos allí. Con lívida mano la copa derrama Que tiene en sus bordes escrito «dolor». Y brillan sus ojos con súbita llama Y arrojan destellos que arranca el furor. Sin duda es la imagen del mismo demonio Que en esa morada se viene a gozar; En tanto que el Pueblo, de Dios patrimonio, En danzas y orgías procura solaz.

Ríe ¡oh pueblo! tus placeres No perturban esos seres Que el delito avasalló: Si entre muros y prisiones Los sujetas a montones Qué te importa su rencor? Ríe, ríe, mientras lloran Y piedad en vano imploran Por el Santo Redentor; O tal vez, en ira ardiendo, Le blasfeman, maldiciendo De la entera creación. Tú en el cieno sumergidos, Ahí los tienes abatidos, Apurando amarga hiel: Y cual fieras los domeñas; Que eres fuerte y te desdeñas De mostrarles do está el bien. Tus verdugos les arrojan Vil sustento, que no mojan Con su llanto, ni una vez; Pues de bronce fueron hechos De esos bárbaros los pechos, Solo abiertos al placer. Tuyas son esas moradas Por el arte engalanadas, Con fragancia de azahar, Donde ostentas tu riqueza Y das culto a la belleza Y al deleite mundanal. De los seres que encadenas Las moradas solo llenas De miseria eterna están, Donde el único alimento Que se ofrece al pensamiento Un veneno es infernal. De tu seno los alejas ¡Miserables! y ahí los dejas Sin que busques su salud. Y querrás en tus locuras Que sus almas salgan puras Y sedientas de virtud! ¡Ay! de aquél que se levanta Indignado a injuria tanta Y da campo a su furor! Que no tiemblas, inhumano, Cuando pones en la mano Del verdugo el hacha atroz. Necio aquél que a la esperanza Da lugar, — de tu venganza ¿Quién se libra, pueblo, quién? Tú dominas en la tierra, Y a los mismos haces guerra Que al delito echas tal vez. Tú, si sangre han derramado, Les demandas indignado Cuenta en nombre de la grey; Y tú propio la derramas, Y gozoso al punto exclamas: «Satisfecha está mi ley». Ríe: oh pueblo encrudecido! De placer cada latido Que te agita el corazón, Llena el alma del culpable De esa rabia inexplicable Que sofoca a la razón. Ríe, goza: en tus delirios No recuerdes los martirios Infecundos ¡ay! que das: Si un cadalso se levanta, Lleva allí tu torpe planta, Leda, muestra allí tu faz.