Spanish poem
Las Quietas Aguas De La Mar Colora
by Adolfo Berro
Tú, en quien un padre oficioso Hasta el vil insecto encuentra, Olvidas hoy a tus hijos? ¿O dejarás que perezca Sin pan el pobre?
Tempestad
Las quietas aguas de la mar colora El sol naciente, con rojiza luz; Rayo despide que en el acto dora Del alma Seo la cristiana cruz. Al pie de torre que elevó el creyente Yace el mendigo de atristada faz, Gravados, ¡ay! sobre su calva frente Los hondos surcos del dolor tenaz: ¡Oh sol! exclama con cortado aliento, ¡Bendito Dios que te arrojó a lucir! En presa el alma a sin igual tormento Anoche, helado, me sentí morir. Allá en los años de mi edad lozana En blando lecho, sin pesar, dormí; En frio mármol mi cabeza cana Hoy solo posa, despreciada, aquí. ¡Cuanta miseria! Del amarga copa Las heces todas apuré, señor; Diez años hace que mi hambrienta boca El pan demanda por tu santo amor. ¡Feliz si al menos no pidiese en vano! Alivio hallara mi terrible afan; Mas no, del hombre, para escarnio, hermano El labio dice, y me deniega el pan.
Cual grano ligero Que al mar el pampero Bramando arrojó; Del mundo olvidada, Mi vida anegada Se ve en el dolor. Constante en mi oído Escucho el sonido De acento infernal, Que dice, del crímen Estás en el limen, ¿Por qué vacilar?— Y en vano consuelo Demando— ¿en el suelo Quién oye mí voz? Así en el torrente La gota luciente Se pierde veloz. Tal vez... sí, mañana La triste campana Por mí doblará; Y el hombre enemigo ¿Qué importa un mendigo? Pasando, dirá.
Y un hombre pasaba: con muestras de duelo Oyó al triste anciano su queja exhalar, Que vueltos los ojos marchitos al cielo Alivio divino parece esperar. Piedad de cristiano al ánima pura De aquel pasagero, sin duda, tocó: ¡Ay! cese tu llanto, no más desventura, Diciendo, al mendigo la mano tendió. Riquezas te faltan, riquezas poseo, Y amigos y deudos que tuyos serán;— —¡Oh cielos! Bendiga tan pío deseo En ti y en tus hijos de Dios la bondad. Y nunca, si lloras, te niegue el consuelo Que dan al mendigo tus labios de amor— Eleva de hinojos entonces al Cielo Del Padre potente el himno en loor.
A ti, Dios, tributo De amor perdurable. Mi ser inefable Te va a consagrar. Formaste piadoso El alma que pura Pretende en ventura Mi pena trocar. Al hombre dijiste, «Maldita la mano Que hiere al hermano Con ira brutal: »Bendito quien seca Del mísero el llanto— Le aguarda del santo La vida eternal». Los orbes en coro Su Padre te aclaman; Tus manos derraman En ellos la fe. Los ojos te encuentran Do quiera, Dios mío— Temblando el impío Humillase y cree. La zaña sujetas Del mar con tu acento, Enciende tu aliento Del rayo el furor. Lo mandas— del mundo. Mil pueblos perecen; Lo quieres, parecen Con nuevo esplendor. ¡Oh Dios! tu clemencia Los siglos publican, En ti glorifican La eterna bondad: Bendiga tu diestra, Señor, al cristiano, Y lava al profano De toda impiedad.