Spanish poem
Mañanas De Estío Ii
by Adolfo Berro
Deleite causa en verano Pasear la estensa rivera, Cuando la aurora en la esfera Tiende su manto fugaz. Y ver las aguas lucientes Que dan continuo en las peñas, Cual las ideas risueñas Del hombre en la eternidad. Allí en la orilla, las gotas Que el dolor trajo a la frente Seca el purísimo ambiente Que se adormece en redor; Y el pensamiento, ya libre, Trasciende mares y tierra, Para abarcar cuanto encierra En sí la humana mansión. Al soplo airado del Cielo Mira ceder las naciones, Indestructibles lecciones Dejando en pos al pasar. De las ciudades que fueron Busca las débiles huellas Y encuentra impresas en ellas Del torpe vicio los pies; Y en vez del blando murmullo Que hace el mundano contento Se escucha solo «Escarmiento» Entre las ruinas sonar. De Europa altiva sorprende La desmayada natura, Que el arte en vano procura Lozana y fértil tornar: De cada pueblo a las puertas Negro fantasma se eleva, Que con sus lágrimas lleva «Miseria» escrito en la faz. En desnudez el mendigo Pasa las noches heladas, De las soberbias moradas Bajo el marmóreo dintel; Y las migajas recoje Del destrozado sustento, Que el cortesano opulento Le echa tal vez con el pie. ¡Maldito el suelo en que el hombre Así ante el hombre se postra, Y sus desprecios arrostra Porque se muere de afán! ¡Maldito el suelo que solo Brinda con tasa de hieles A esos desnudos tropeles Que acosa el hambre o la sed! Llena de ingratas ideas Se vuelve entonces la mente Al virginal continente Que vio Cristóbal Colón; Y que al tomar, el encono Del mar burlando y el viento, Cuál mujeril ornamento Echó a los pies de Isabel. De Dios la diestra invisible Formó su espléndido cielo, Y abriola toda, y el suelo De ricos dones sembró. Bañan sus playas extensas El mar atlántico airado, Y el que de gozo arrobado Llegó Balboa a besar; Cuando, la espada desnuda, Las ondas cerca del pecho, De su monarca en provecho Tomó marcial posesión. Montañas tiene soberbias De cuyo inmóvil asiento Se arrojan ríos sin cuento Para perderse en el mar: Y hay en sus llanos verdura Que ansiosos pacen los brutos, Y abundantísimos frutos De regalado sabor. ¡Feliz mil veces el hombre De quien la cóncava cuna Alumbra pálida luna En tan lozana mansión! ¡Feliz! verá de la vida Los demarcados momentos, De agudas penas exentos, En libre tierra correr. Que si algún torpe tirano De entre la turba se eleva, Es ese, tiempo de prueba Para las almas templar; Hasta que llega el instante En que con mano de hielo Le postra Dios en el suelo Y dice airado, «no más».