Spanish poem
Mañanas De Estío
by Adolfo Berro
De la loma al pie, una fuente De hermosura peregrina Bajo sauces lagrimosos Deja ver su clara linfa. En sus márgenes de grama Reclinada está una niña, Sonrosada, blanca y bella Cual la aurora que la mira. De su cuello y su cintura Las lazadas desceñidas; En el seno contorneado Blando abrigo halla la brisa. Sin gustar de la frescura Con que el agua la convida Por sobre ella prestamente El desnudo pie desliza. Alza a veces puras gotas Que al caer forman mil prismas Dando paso a los destellos Que el naciente sol envía. La flotante cabellera En los hombros se ensortija, Ya los besa, ya se aparta De las auras impelida. En la fuente acaso toca Y fugaz el agua riza, Cual las alas presurosas Del alción que allí se anida. En sus manos tiene un ramo La rosada y blanca niña, De marchitos azahares Y cerradas margaritas. Le contempla— dentro el agua Deja el pie, que el frío eriza, Y risueños pensamientos En su bella faz se pintan. De los ojos renegridos Se humedecen las pupilas, Y halagüeños, como nunca, Con no visto fuego brillan. ¿Qué tendrá, pues, ese ramo Que la pone así festiva? ¿El enlace será, acaso, De azahar y margaritas? Es que ayer, en la alborada, Al venir, aún adormida, A bañarse en esa fuente, Cuyas aguas hoy esquiva, Halló el ramo atado a un sauce Con celestes blancas cintas Sujetando, al mismo tiempo, Unas décimas sentidas. Que es a ella a quien han sido Esas trovas dirigidas Duda alguna no la queda, ¿Mas por quién fueron escritas? No lo sabe, aunque sospecha Son de alguno cuya vista Vio mil veces fija en ella En los bailes de las trillas. Y se cuenta que él la hizo, No había mucho, compañía, Al volver de unas carreras, Hasta el rancho donde habita. La plateada luna, entonces, Derramando luces vivas Se mostraba, con la madre Del amor, toda encendida. ¡Cuán hermosa está esa estrella! Prorrumpió la dulce niña, Que entregada a ideas vagas Contemplándola venía: Y él le dijo, luego al punto, «Es verdad... siempre divina». Y clavó sus tiernos ojos En los de ella distraída. El misterio que esas voces Y miradas envolvían No sé yo si desde luego La inocente entendería. Pero si que desde entonces Siempre está imaginativa Cuando ve cómo esa estrella En el puro Cielo brilla.