Spanish poem
El único día del paraíso – XII
Y la celeste bóveda enlutada es para su creciente desconcierto, urna de un mundo desquiciado y muerto que toca en los confines de la nada
Llenos de horror, con la razón turbada y el semblante de lágrimas cubierto, por aquel vasto y lóbrego desierto van a tientas siguiendo su jornada.
Su propio pensamiento los hostiga, la sombra todos los caminos cierra, y es mayor por momentos su fatiga.
Hasta que el susto embarga sus sentidos y dan, como cadáveres, en tierra por su medrosa ofuscación vencidos.