Spanish poem
El Viajero Americano
by Gertrudis Gómez de Avellaneda
Del Anahuac vastísimo y hermoso En una de las fértiles comarcas, De las que tienen por custodios fieles Al Pinahuizapan y al Orizaba; Que unidos por cadena inmensurable De montañas agrestes y escarpadas, Con nieve eterna ornadas sus cabezas, Con fuego eterno ardiendo sus entrañas, Se alzan a ser de una región de encantos Inmutables y enormes atalayas: En aquel punto do la vista mide El horizonte de una gran sabana, Y a par la cumbre del vecino monte Que nombre lleva de perpetua fama: Allí el viajero atónito divisa, Bien que a través de la llanura vasta, Desenvolverse un nuevo paraíso En perspectiva caprichosa y clara. Undulan suspendidos en los aires Jardines bellos de abundantes galas, Con cenadores, parques, grutas, bosques, Y lagos mil de cristalinas aguas, Que parece sostienen silfos leves Sobre el matiz de sus movibles alas. De rocas empinadas se derrumban En silencio soberbias cataratas, Y en otra parte admíranse tendidos Arcos inmensos de zafiro y nácar. Mas no le basta al caminante absorto Ver desde lejos maravillas tantas, Que seducido por su extraño hechizo A gozarlas frenético se lanza. Ni duda ocurre a su exaltada mente Ni sospecha de riesgo le acobarda, Pues solo atento al goce que imagina Vuela veloz y la distancia salva, Llegando ronco, fatigado, inerte, Al término feliz de su esperanza, Donde obtiene, por fin, ver con asombro... ¡Un gran desierto que tapizan lavas! Tal es la historia del viajero ¡oh joven! Allá en tu pecho por tu bien la graba; Pues esa gloria que tu afán excita, Tan deslumbrante y bella en lontananza, Y esa ventura que en su goce finges, ¡Son ilusiones ópticas del alma!