Spanish poem
En Dobles Velos De Amaranto Y Gualda
by Gertrudis Gómez de Avellaneda
En dobles velos de amaranto y gualda Envuelve el sol su refulgente faz, Y al partir ciñe espléndida guirnalda Al horizonte del inmenso mar. Lánguido el Euro en las dormidas olas, Apenas mueve su cerúleo azul, Mas las orna de leves aureolas Meciendo en ellas la expirante luz. Desierta está la playa silenciosa, Y Amia, cual ella solilaria, va A adormecer su pena misteriosa De aquella tarde en la solemne paz. La estampa guardan de su planta breve Las arenas que lenta atravesó, Y hora la imprime, precursora y leve, Del prado ameno en el vivaz verdor. El valle cruza, la colina sube Cual cerbatillo de su madre en pos... ¡Mas no! sin rumbo, como vaga nube Que impulsa a su capricho el aquilón. Luego tras tantas vivas transiciones De languidez y agitación febril, Reposo busca y blandas sensaciones, Que hagan más ledo al corazón latir. ¡Vedla! del bosque en la perenne sombra La halla la noche que se extiende ya, Muelle tendida en la florida alfombra Bajo el dosel de un pino secular. Llega a besar sus plantas de alabastro, De un arroyo la linfa de cristal, Y en las orillas húmedas, su rastro El césped guarda que regó al pasar. Pálido el astro de los dulces sueños Sale a alumbrar la etérea soledad, Y la puebla de plácidos beleños, Que va esparciendo el céfiro fugaz. Y en tanto que alza insomne filomena El eco flébil de su dulce voz, Largo y agudo en lontananza suena De la cigarra el importuno son. Amia aún no duerme, mas tampoco vela, Que en éxtasis dulcísimo cayó, Lánguida cual la luna que riela En su alba faz el desmayado albor. Así sumida en estupor que halaga... (¡Callad y atentos mi canción oíd, Que hora en las cuerdas de mi lira, vaga De gran misterio exposición sutil!) Así a los ojos de su ansiosa mente, Que ajena se halla de su cuerpo ya, Súbito brilla aparición fulgente, Que el Éter puro esclareció al bajar. ¡Ella te mira, espíritu divino, Del ser Eterno eterna emanación! ¡Rey de los mundos, móvil del destino, Ella te mira y te conoce, Amor! Cuántas bellezas la cadena enlaza De la augusta e inmensa creación, Que en su grandeza interminable abraza Desde el querube hasta la humilde flor. Todas unidas forman la apariencia De aquel sublime, inexplicable ser; Cual si encerrase su divina esencia El germen primordial de cuanto es. El mundo material y el invisible Aquel sumo poder compendia en sí, Que en él reúne un lazo indefinible Cuanto se puede amar y concebir.
Amia
Suena su acento halagador y grave; «¡Virgen! pronuncia, el universo vasto Nada tan bello como tú me ofrece, Nada tan casto! »Soplo exhalado de mi labio ardiente Es el principio del sentir fecundo, Soplo que llena de infinita vida Todo este mundo. »Todo este mundo con mis leyes rijo; Todo lo mueve mi atracción eterna; Tengo en la altura, que mi nombre acata, Silla superna. »Hay de allá lejos, por misterio triste, Ángeles nobles, que disfraza un velo, Y a ellos me place revelar benigno Goces del cielo. »Bien que no alcancen mi sustancia pura, A mí los lleva aspiración secreta, Siempre sus votos mi cadena de oro Blanda sujeta. »Íntima en ellos mi sagrada llama Brilla, y remonta su fecunda lumbre Fuera del orbe, a iluminar la etérea Célica cumbre. »Nacen algunos de mi excelsa mano Sello llevando, que respeta el mundo; Otros ¡ay! locos, su corona al cieno Lanzan inmundo. »Alto tu origen, alto tu destino Plúgome hacer, y te elegí por mía... ¡Virgen, el aire que aspirando bebes Es poesía! »Hondo secreto tu existencia encubre, Gózate, empero, si tu instinto regio Da testimonio que te cupo en suerte Gran privilegio. »Fácil no empero tu camino juzgues; Mil negras simas se abrirán profundas; Alas por eso te daré ligeras: ¡Nunca te hundas! »¡A ti mi soplo elevador desciende! ¡Orlas de fuego a tu ropaje doy! Ya eres de Amor la desposada augustal ¡Ya tuyo soy! »Siempre invisible por do quier te sigo; Siempre ha de ser tu aspiración hallarme; ¡Mas nunca, nunca con profana mano Quieras tocarme!»
Amor
Esto con voz dulcísona Dice el sublime espíritu, Bate sus alas nítidas, De Amla en la tersa sien. Ornala al punto súbito Grato esplendor purísimo, Sello de suerte insólita, Prenda de eterno bien. Luego su vuelo rápido Toma el esposo alígero, Rastro dejando fúlgido Por el etéreo azul. Roto el encanto mágico Se alza la virgen trémula, Late su seno mórvido Bajo su blanco tul. Brillan sus ojos límpidos Con entusiasmo férvido, Y sus miradas ávidas Van del amante en pos: ¡Mas ya le velan próvidas Nubes de plata y púrpura! ¡Ya ni las huellas plácidas Quedan del almo Dios!