Versos Spanish Gertrudis Gómez de Avellaneda Elegía Ii. Después De La Muerte De Mi Marido

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Elegía Ii. Después De La Muerte De Mi Marido

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Cánticos de tus vírgenes sagradas, Que de tu amor proclaman las dulzuras, Son esas voces que de unción colmadas Llegan al corazón graves y puras. Tu soberana mano ¡oh ser Eterno! Me ha conducido a tan amable asilo: Yo reconozco tu afanar paterno En este que me das, solaz tranquilo. Permita tu bondad que al dulce coro Hoy se asocie, aunque indigna, la voz mía: Cubierta de ciprés mi lira de oro A ti sus himnos de tristeza envía. De tu justicia el formidable azote En mí se ensangrentó por tiempo largo; Mas si lo quieres tú, que el labio agote Del cáliz de la vida el dejo amargo. Prolongue a su placer mi senda triste Tu providencia inexcrutable y alta; Que si la fe de tu bondad me asiste Vigor para sufrir nunca me falta. Rompes mis lazos cual estambres leves; Cuanto encumbra mi amor tu mano aterra, Y haces, Señor, exhalaciones breves Las esperanzas que fundé en la tierra. Así, tal vez, tu voluntad me intima Que solo busque en ti sostén y asiento; Que cuanto el hombre en su locura estima Es humo y polvo que dispersa el viento. Mas no condenes, no, que acerbo llanto Riegue ese polvo que me fue querido: Bendiciendo mi voz tu fallo santo Deja gemir al corazón herido. El espíritu grande que animaba Los tristes restos que la tumba encierra, Oyó tu augusta voz que lo llamaba, Y esa reliquia me dejó en la tierra. Ella será, Señor, caro tesoro De mi memoria en el santuario triste; Mas ¡ay! no siempre regará mi lloro La tierra extraña en que solar la diste. Un extranjero sol sobre esa losa Verán lucir indiferentes ojos: La mitad de mi vida allí reposa, Y a otra tumba daré yo mis despojos. ¡Vírgenes de Jesús, que el blando ruego Alzáis al cielo, que lo acoge pío! Yo ese sepulcro solitario os lego Y en él también mi corazón os fío. Ya lo purificó la desventura, Y vuestro puro afecto lo embalsama: No olvidéis, pues, que en esa sepultura Velando queda un corazón que os ama. ¡Y tú, ¡Señor! que entre tus hijas santas Hoy me toleras con piedad benigna, Acepta con sus himnos a tus plantas Los hondos ayes de tu sierva indigna!