Versos Spanish José Tomás de Cuéllar A la luna

Spanish poem

A la luna

by (1830–1894)

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CELESTE luminar, muda viajera Que cruzas por la esfera Inundando de luz el ancho mundo. Al admirarte en tu tranquilo vuelo, El entusiasmo ardiente Arranca del laúd dulce sonido, Y á tí se eleva mi abatida frente.

¡Salve, espléndida Luna, Misterioso fanal que suspendido Por la mano de Dios en las alturas, Lanzas tu luz en rayos plateados Del adormido mundo á las criaturas.

¡Salve, lámpara eterna, que paseas Por el éter tranquila, Y en el alto zenít te enseñoreas! ¡Salve otra vez! Yo te amo reverente, Y cuando el rayo de tu luz divina Baña ¡oh Luna! mi frente. Huye el pesar y siento que en el alma Nace de nuevo la apacible calma. Así como tu lampo que fulgura Rasga el parduzco nubarrón que pasa, Disipas de mi mente dolorida Las sombras de amargura.

Tu luz, tu luz, para gozar.... ¡oh nubes! Paso á la Luna, paso: Dejad que la contemple solitaria Cual reina de la noche Majestuosa, ostentándose En el cóncavo azul del claro cielo.... No hay más que tú, ¡oh Luna bienhechora! No hay más que tú, para quien sufre y llora. Yo no puedo mirarte indiferente, Intérprete de amor, Luna querida,

Porque traes á mi mente El recuerdo doliente De la ventura que lloré perdida.

Sube, sube al zenít, callada Luna, A raudales tu luz prodiga al mundo, Mírate reflejada en la laguna Y en las aguas también del mar profundo. Las nubes agrupadas Ábrante ¡oh reina! en tu camino paso Para que luzcas pura y esplendente Hasta tocar en tu azulado ocaso... Sube al zenít, declina, Y mañana otra vez tu luz divina Regala al mundo, porque adore el hombre De su Hacedor el sacrosanto nombre.

¡Salve, lámpara espléndida del cielo! Lleguen á tí mis preces En la ráfaga azul del aire manso, Á tí, que desde el cóncavo estrellado Velas de los mortales el descanso.

Siempre te admiraré, y en larga noche De la meditación la dulce calma, Néctar será con que se abrigue el alma, Y fijando en tu faz mi pensamiento Entonaré ferviente mi plegaria, Hasta que al golpe de la dura suerte Descanse en la morada de la muerte... Entonces ¡oh Luna! de infeliz poeta Ilumina la tumba solitaria.