Versos Spanish José Tomás de Cuéllar A María Inmaculada

Spanish poem

A María Inmaculada

by (1830–1894)

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¡Salve, divina emperatriz del cielo, Como la gracia pura, Mística luz de paz y de consuelo, Tesoro de hermosura!

¡Salve, limpio fanal resplandeciente De donde el sol fecundo Toma su luz para lanzarla ardiente Al adormido mundo!

¡Salve otra vez! ¡mil veces salve, oh fruto Del grande pensamiento Más bello del Señor! débil tributo Te da mi acatamiento.

Permite, ¡oh diva, celestial María Que tu pureza cante, Que desde el mundo triste la voz mía Con júbilo levante.

Porque en el coro fiel de tus loores, Cual la naturaleza, Tienen voz en el mundo los cantores Y amor y fortaleza.

Que al himno universal que te saluda Si nace ó muere el día, No hay un acento que á formar no acuda Torrentes de armonía.

Los suspiros suavísimos del viento Que murmullos levanta; Ó las vibrantes notas de contento Del pájaro que canta.

Los ecos que recorren vagarosos Las peñas de las lomas, Los rumores del campo misteriosos, La voz de las palomas.

El dulce arrullo de la inquieta fuente Con espumas de plata, El río fugaz, el rápido torrente, La ronca catarata.

Desde el estruendo de la mar crecida Hasta el zumbido leve Del insecto que en la hoja desprendida Con lentitud se mueve;

Todo, Señora, todo cuanto abarca El valladar del mundo, Tu alma pureza inmaculada marca Con júbilo profundo.

Por eso yo, cantor abandonado, Medroso é importuno, A ese dulce concierto regalado Mis cántigas aduno.

Que si laxas las cuerdas de mi lira No dan sublime acento, Con fé en el corazón la mente inspira El místico portento.

Porque al negar tu luz, réprobo altivo, Desenfrenado miente; Cual si osara negar el rayo vivo Del sol, que mira y siente.

Yo no, que ante esa tu pureza suma Prostérnome rendido, Y grande admiración mi mente abruma, Me siento conmovido.

Yo no, que ciego ante la inmensa ciencia, Se inflama la fé mía: El soplo del Señor te dió existencia Y te llamó María.

Jamás el mismo Dios otro portento De gracia y hermosura Concibió, ni en el limpio firmamento Hay estrella más pura.

Cuando vió Nazareth entre sus flores A la hija de la anciana. Contuvieron los mares bramadores Su fuerza soberana.

Las brisas, respetándola, plegaron Sus alas rumorosas, Y del cáliz purísimo exhalaron Aromas mil las rosas.

Los mundos, de placer estremecidos Con asombro la vieron... Los siglos en la nada removidos El porvenir leyeron...

En el cielo los ángeles en coro ¡Hosana! repetían, Sobre nubes riquísimas de oro ¡Pura será! escribían.

Y pura fué por ley del Increado, Casta, inocente, santa, El monstruo abominable del pecado Humilló con su planta.

Y no pudiendo hacerla la serpiente De su poder esclava, Al abismo tornóse, é impotente Gimió la turba prava.

Ley sábia fué; que si Jehová reside En trono de diamante De alto poder al pensamiento impide Penetrar un instante;

¿Cómo el Hijo de Dios que allá tornara, Tener pudo otro seno Que el de María, que jamás manchara De la culpa el veneno?

Cuanto hay dulce en la paz y en la esperanza Cuanto hay de grande y bello Tu nombre guarda; que de eterna alianza Es el eterno sello.

De tu divino aliento embalsamado Tres ángeles nacieron, Que un rayo de tu luz han conservado Desque al mundo vinieron.

Pureza, Castidad, dulce Inocencia, Sus nombres son preciados: Y sin tí se ofuscara su existencia Del ánima ignorados.

En tu aliento raudal de fé sincera, De mística poesía, Y tu amor es la fuente verdadera De la virtud, María.

Por eso de los cielos moradora En melodioso coro Te ensalzan los arcángeles, Señora, Con cítaras de oro.

Y en tu sublime magestad al mundo Contemplas á tus plantas, Que te dirige con amor profundo Y fé, sus preces santas.

¡Ah Vírgen pura que en el alto cielo Moras al lado del Señor, el llanto Benigna escucha que fecunda el suelo, Concede al triste que emprendiendo el vuelo Vaya á besar las orlas de tu manto.