Spanish poem
A Lola
by José Tomás de Cuéllar (1830–1894)
¿DICHOSA la edad florida De las dulces ilusiones, Dichosos los corazones En cuyo centro se anida El encanto de la vida, El sentimiento profundo Del placer y del amor! Mas oye, Lola, en el vergel del mundo, Mil espinas oculta cada flor.
Si en la encantada pradera Donde los claveles crecen, Y blandamente se mecen Con la brisa lisonjera,
Sientas la planta ligera Y respiras de las flores El aroma embriagador, Teme, Lola, del hado los rigores, Que hay una espina cruel en cada flor.
Si te deslizas ufana En el jardín, indecisa, Revelando en tu sonrisa Lo que de tu pecho emana, Sin pensar en que mañana Una ley aborrecida Te ha de entregar al dolor. Tente, Lola, en el prado de la vida Hay un dardo punzante en cada flor.
Si una ilusión halagüeña, Si una visión peregrina Te deslumbra, te fascina, Y tú al mirarla, risueña, Cual la onda que se despeña En el torrente profundo, La persigues sin temor, Recuerda siempre, Lola, que en el mundo Has de hallar una espina en cada flor.
Si en tu mente sosegada Algún pensamiento arde Cuando declina la tarde Y está la vega callada, Y en tu alma delicada Ese pensamiento extraño Te hace desear el amor, Bien puede, Lola, el mundo por tu daño Darte agudo puñal, y no una flor.
Bien puede en las noches puras A los piés de tu alta reja, Contarte su tierna queja, Y sus crueles amarguras Y todas sus desventuras, Apuesto, airoso y galano Un amante rondador, No tomes, Lola, flores de su mano, Que hay una espina cruel en cada flor,
Sí, hay espinas que punzan y hay veneno En esas flores de la vida, Lola,
No les guarde jamás tu casto seno, Que estando siempre de virtudes lleno A ser feliz te bastarás tu sola.
Si has aprendido ya, que en esas flores Que bordan los pensiles peregrinas El germen se encerró de los dolores, Los versos que te escribo halagadores Son flores, es verdad, mas sin espinas.