Versos Spanish José Tomás de Cuéllar A Lesbia en el desierto

Spanish poem

A Lesbia en el desierto

by (1830–1894)

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Ven, Lesbia, ven, sobre mi pecho ardiente Reclina sin cuidado. Llena de amor, la entristecida frente; Que quiero abandonado Del mundo todo, en placentera calma, Á tí tan solo consagrar mi alma.

Ven, calmaré tu duelo y tus dolores; Aquí sobre la alfombra De tierna grama y de silvestres flores, Á la tendida sombra Del verde cedro y de la encina hojosa Entablaremos plática sabrosa.

No te pese trocar la selva umbría Por tu dorado asilo; Que aquí siempre tendrás, paloma mía, El corazón tranquilo, Y aquí no más de la fugace vida Encontrarás la paz apetecida.

Dime, Lesbia, mi bien, ¿por qué suspiras; No sabes en el mundo Lo que el brillo y la pompa son? ¡mentiras! Un cenagal profundo De vicios es, donde en perpetua farsa Bulle la loca mundanal comparsa.

Allí al impulso de amoroso fuego, Avaro de delicias. El hombre busca, delirante, ciego, De otro sér las caricias; Pero bien pronto el corazón vacío Solo siente, infeliz, árido hastío.

Allí el amante que de amor delira. Artero, fementido. Contra el honor de su beldad conspira;

y el lúgubre gemido, Que arranca al desdichado la agonía, Confúndese en el ruído de la orgía. Allí en pos de mezquino y ruin tesoro, Avaro de riqueza. El hombre ciego al esplendor del oro, Con bárbara fiereza, Derramando la sangre del hermano, Sacia insolente su ambición insano.

¿Oué te importan del mundo las delicias, Los mentidos placeres, Si aquí de amor te embriagan mis caricias, Si aquí tú sola eres Mi bien, mi adoración, Lesbia divina, Creación de mis ensueños peregrina?

Olvida el vano mundo y sus tesoros, Olvida, sí, sus flores Que pasan ¡ay! cual rápidos meteoros, Y acerbos sinsabores Dejan en pos de sí por su camino; Precisa huella que marcó el destino.

Si aquí jamás el hálito iracundo De férvidas pasiones, Emponzoñado zéfiro del mundo, A nuestros corazones Ha de llegar, bien mio, ¿por qué lloras, Si aquí han de ser dulcísimas las horas?

Placeres! dulce y halagüeño nombre; Fantasmas con que sueña En esta vida deleznable el hombre; Perspectiva risueña, Donde al tocar sus encantadas flores, Se encuentran solo abrojos punzadores.

¿Qué te importan espléndidos festines, Do su grandeza ostenten Mil nobles esforzados paladines, Si en sus sonrisas mienten Dicha y quietud, y su ánima intranquila Entre la duda y el temor vacila?

¡Ay! Lesbia, yo no quiero en ese mundo De crímenes y duelo Vivir cercado, de pesar profundo; Aquí á tu lado anhelo

Pasar los días de mi vida hermosa, Siempre gozando de quietud dichosa.

De alma quietud, porque de noche y día Sin perder un instante, Viendo estaré tu gracia y gallardía. Enamorado amante; Yo cantaré mil cántigas de amores Al par de canoros ruiseñores.

Vagaremos, mi bien, por la llanura, O por el bosque umbrío, Aspirando en el aura la frescura Del murmurante río, Que tersará sus ondas cristalinas, Porque veas tus formas peregrinas.

Aquí sentados en el soto ameno Sobre cojin de grama, Reclinaré mi sien en tu albo seno; Y si tu pecho me ama, Yo escucharé del corazón ardiente Cada palpitación atentamente.

En el silencio de la selva umbrosa. Entonarás canciones;

Y de tu voz angélica, armoniosa, Las dulces vibraciones Harán callar los cánticos suaves De las pintadas, trinadoras, aves.

Gozaremos aquí la brisa pura Oue vaga perfumada, Y entre las flores sin cesar murmura En la tarde callada En que reina la paz, la blanda calma, Y amor respira todo para el alma.

Ven, Lesbia, ven, aleja de tu mente Los locos desvaríos; Ven, en mi frente posarás tu frente. Tus labios en los míos, Y en dulce y voluptuoso arrobamiento, Confundirás tu aliento con mi aliento.

Solo aquí está la paz, solo aquí el alma Disfruta venturosa De esta envidiada y apacible calma, Ven á gozarla, hermosa; Ven, en mis brazos hallarás un mundo De inmenso amor, y de placer profundo.

Ven, Lesbia, y adormida en mi regazo Tu vida con la mía Una el destino con estrecho lazo. Hasta que llegue el día En que el hálito marque de la muerte El «hasta aquí» de nuestra dulce suerte.