Versos Spanish José Zorrilla 10 (¡Señor, bendito seas! bendito cuanto sale)

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10 (¡Señor, bendito seas! bendito cuanto sale)

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¡Señor, bendito seas! bendito cuanto sale De tu fecunda mano, de tu inmortal saber! ¿Adónde está el soberbio que tu poder iguale? Para crear el mundo, ¿qués hecho tú? Querer. ¿Qué son los astros? Chispas de tu mirada santa. ¿Qué son los mundos? Átomos de tu viviente sér. ¿Qué son los mares? Móvil alfombra de tu planta. ¡Señor, bendito seas que me los haces ver!

Señor, el mar que ondéa bajo mis piés en calma Y el cielo que se pinta sobre su móvil ház, Cual bálsamo celeste, derraman en mi alma Tu inspiracion divina, tu religiosa paz. Señor, deja que eleve de gratitud un cántico Al cielo donde veo resplandecer tu faz, Cuyo esplendor reflejan las ondas del Atlántico Rasgadas por la quilla de mi bajel fugaz.

Señor, quien niegue impío que el mundo tu obra sea; Quien de tu sér dudando bravée tu poder, Conmigo en esta noche sobre la mar te vea, Y adorará conmigo tu omnipotente sér. Señor! bendito seas! Yo siento mis entrañas Estremecerse henchidas de juvenil placer, Mirando ante la luna con cuya luz las bañas, Las olas que en mi nave se vienen á romper.

Sobre la mar en calma comprende el mas impío Que lámparas los astros de tu santuario son; Sobre la mar en calma tu gloria y poderío, Tu magestad inmensa comprende mi razon. Señor, tú derramaste sobre la mar tranquila Las grandes impresiones, la luz, la inspiracion: Señor, desde esta nave que sobre el mar oscila, Con honda fé te adora mi ardiente corazon.

Tu esencia no concibe mi humano entendimiento, Señor; solo te puede mi espíritu adorar: A tí de cuyos hombros es manto el firmamento, La eternidad tu tiempo, la creacion tu altar. Señor, yo no echo menos los bosques, las montañas, La sociedad del hombre, los mares al cruzar: Con tu presencia sola tú animas y acompañas La inmensidad del cielo, la soledad del mar.

Su faz no está desierta para mis ojos: falta No está su region turbia de vida para mí: Cada ola que se rompe y cada pez que salta, Me dice: todo vive como en la tierra aquí. Jamás me apareciste tan grande, tan inmenso, Señor, como esta noche que sobre el mar te ví, Y nunca mi existencia, como en su azul estenso, Tan bella y tan fecunda de goces concebí.

Yo no echo aquí de menos los ricos accidentes Que dan á los paisajes animacion local, Los movimientos varios, los ruidos diferentes, Los pintorescos cuadros del mundo vegetal. ¿Cuál como ver al lejos la vela que aparece La línea azul cortando del horizonte igual, Que se destaca móvil, y se aproxima y crece Cerniéndose en el viento como una garza real?

¿Cuál como desde el buque mirar sobre las olas, De su murmullo flébil al soñoliento són, Los peces á flor de agua dar remo con sus colas Al ondulante nido del cándido Alcyon? Asoman sus hijuelos escasos aun de pluma De sus nevadas alas por bajo el pabellon, Y atónitos contemplan entre humo, luz y espuma Pasar de nuestro barco la negra aparicion.

Los peces azorados ante nosotros huyen Dejando con su estela fosforescente el mar: Luego á los peces mónstruos voraces sustituyen Que intentan nuestro buque feroces asaltar. A la movible sombra de la flotante vela Se lanzan engañados, y al irla á asegurar, Las ondas les repelen de nuestra hirviente estela, Y quedan asombrados mirándonos pasar.

La luna que derrama su luz sobre los montes En ásperas quebradas rompiéndola dó quier, ¿Tendrá en la tierra nunca tan vastos horizontes Ni espejo tan brillante donde su imágen ver? Si ese rastro que de noche nuestro hemisferio aclara, Gozar pudiera acaso de vida y de placer, ¿Con cuánto no veria su luminosa cara En el espejo inmenso del mar resplandecer?

¿El ruido de las selvas tan hondo sentimiento Podrá con sus murmullos al ánimo inspirar, Cual de las verdes olas el són y el movimiento Y el áura que en las járcias suspira sin cesar? ¿Y cuán no es mas rico de ferza y voz el viento Que eleva montes de agua sobre el viviente mar, Que el huracan terrestre que pueden en su asiento Inmóbles la colina y el árbol arrostrar?

Señor, yo amo los mares y sus peligros amo, Porque en el mar mi alma tu omnipotencia vé: Ante tu faz de hinojos, tu omnipotencia aclamo, Y el bien ó el mar acepto que tu bondad me dé. De hoy mas ya de tí fiado; que tú me guias sé: Ya el mar mi buque trague, ya su furor resista, Señor, en tí ya nunca vacilará mi fé.

Cuando perdí de vista las playas de la Europa Desfallecer de angustia sentí mi corazon: Al encontrarme solo del en la popa, Desesperé del cielo, perdida la razon. Señor, yo dejo en Francia cuanto del hombre abona El terrenal apego á su mortal mansion; Allí quedó cuanto amo… ¡Dios de bondad! perdona Que me dejara un punto vencer de la afliccion.

Mas al sereno cielo cuando volví los ojos, Cuando del mar en calma la inmensidad miré, Señor, en tu presencia me ví, caí de hinojos, Reconocí tu inmensa bondad y te adoré. ¿Y en dónde te revelas como en la mar en calma? Señor, mi fé te adora, mi corazon te crée: El mar tranquilo aduerme las penas de mi alma: Señor, sobre él te canta mi solitaria fé.

Yo amo, como nadie jamas amó en el mundo; Mas si mi amor me quita tu voluntad, Señor, Yo acataré tus fallos, y en mi pesar profundo No cesará mi canto para llorar mi amor. Sé que á mi bien me guias, pues para el bien me creas, Y erguido en la ventura ó hundido en el dolor, Yo te diré postrado: “¡Señor, bendito seas, Te adoro en tu clemencia, te adoro en tu rigor!”

Y seguiré cantando tu gloria por la tierra, En tí poniendo siempre mi corazon lëal: Y si mis ojos lloran por el amor que encierra Mi corazon, acuérdate de que nací mortal. ¿Quién es el inocente que, esento de flaqueza, Su corazon conserva cual lirio virginal? Amé, Señor; vencióme mi ruin naturaleza: Aún amo: mas perdone tu rayo mi cabeza; Recuerda, si fuí débil, que me creaste tal.

Mientras aliente empero, por donde quier que vayas, De mis crëencias mártir y fiel á mi mision, Cantando irá tu gloria mi fé de playa en playa, Sembrando mis crëencias irá mi corazon. Y si arenal ingrato que atravesar me espera, Y si mi fé ó mis cantos escarnecidos son, Sin arrogancia vana ni humillacion rastrera, Yo apuraré mi cáliz hasta su hez postrera, Y agotaré mi aliento con mi postrer cancion.

Porque errará quien juzgue que con mi canto anhelo Crëarme una aurëola de gloria mundanal: A remontarse aspiran mis cánticos al cielo, Mas no sobre las alas de orgullo terrenal. Yo soy como esas algas que arrastra el Ocëano, Como esa espuma que hace su bullidor cristal, Un átomo viviente salido de tu mano. ¡Señor, que no me sea mi vanidad fatal!

Tú en cuyos ojos bebe su resplandor el dia, De cuyo sér recibe, cuanto le tiene, sér, Tú que la causa sabes que á América me guia, No dejarás mi causa sobre la mar perder. ¡Sús, Paraná! desgarra los mares viento en popa: No tiene el mar ni el viento contra mi fé poder: Dios va conmigo: voga y aléjame de Europa. El mar y el viento paso tendrás á Dios que hacer.

Bajo ese cielo puro, sobre ese mar sereno, En alas de esa brisa que vuela entre los dos, Mi corazon sonríe de confianza lleno, Llevando la esperanza de mi bajel en pós. Señor, pasiones tiene mi corazon de tierra, Pues que sujeto á ellas me le entregásteis vos: Mas cuanto caro al hombre mi corazon encierra, Lo dejan mi crëencias á la merced de Dios.

Para cantar pusísteis la voz en mi garganta, Para crëer henchísteis mi corazon de fé; Para cantaros siempre mi acento se levanta, Para adoraros mi alma por donde quiera os vé. Señor, sea escuchada mi voz ó escarnecida, Para cantaros siempre con brío la alzaré: Yo cruzaré cantando del golfo de la vida Las agitadas hondas hasta espirar. —¿Por qué?

Si á cuantos átomos Tienen acento Bajo la bóveda Del firmamento Interrogarse pudiera un dia: “¿Por qué se exhala de tu garganta, “Por qué produce tu movimiento Tal armonia?” Todos los átomos Que hacen el mundo, De el cielo cóncavo Al mar profundo, Aves del bosque, brisas del viento, Aguas del valle y ecos del monte; Cuanto murmullo vago y sonido Brota desde uno á otro horizonte, Surge por uno y otro elemento: Cuanto vagido Desconocido, Cuanto lamento Jamás oido Deja en el viento Rumor perdido; Cuanto con ruido De movimiento O con aliento De su garganta, De sí exhalando són ó armonía, Suspira, gime, murmura ó pía, O de otro modo su voz levanta Cumpliendo el sino feliz ó adverso, Que la sujeta A ser un átomo del universo Que su armonía nutre y completa; Como el poeta Que la interpreta, Responderia: “Porque ley santa Fué de Dios que al crearme Me dijo: “¡Canta!”