Versos Spanish José Zorrilla 11

Spanish poem

11

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En rápida barquilla de flores coronada, las cristalinas ondas surcamos al nacer, y el ánima inocente navega confiada en cándida ignorancia sin riesgos que temer.

¡Ay! es tan bello entonces el mar! ¡tan engañoso sus limpias aguas dora reverberando el sol! ¿Quién no se augura entonces un dia tan dichoso, cual bello es su tranquilo y espléndido arreból!

Mas ¡ay! cual son del hombre los vanos pensamientos, los planes de ventura, de dicha y ambicion! Eternamente mira fallidos sus intentos, y solo alcanza sombras su pobre corazon.

Borrascas de la vida las sórdidas pasiones de la ventura humana se lanzan sobre el mar. Del porvenir el faro espesos nubarrones sorben, y va la nave sin rumbo y al azár.

¿Quién guia su barquilla perdida y maltratada por las tinieblas densas de la tormenta atroz? ¿A qué remota orilla podrá desconsolada llegar del marinero la moribunda voz?

Los vientos arrebatan sus lúgubres lamentos, mas no para que lleguen á oidos de piedad; los llevan para ahogarlos en medio de los vientos, para aumentar con ellos la horrenda tempestad.

Todo en redor es noche; en vano el ojo anhela la luz hallar lejana de un astro tutelar; tinieblas ve tan solo; ni un astro, ni una vela por el nublado cielo, por el furioso mar.

¿Adonde está, hácia dónde la abandonada orilla? ¿adonde la esperanza que nos lanzó á salir de la segura playa? ¡Ay mísera barquilla, ya Dios tan solo sabe cuál es tu porvenir!

¡Tal es de las pasiones el lóbrego misterio! ¡el mar desconocido de nuestra suerte tal! Amor nos lleva á ciegas por su escabroso imperio, llamando paraiso lo que es un arenal.

Así camina á ciegas la niña enamorada, asi Beatriz navega el mar de su pasion, batida de los vientos, de escollos circundada, en su barquilla frágil sin vela y sin timon.

Las viles asechanzas de su ambicioso hermano la minan su ventura, la acechan por do quier. ¿Qué hará, mansa paloma en garras del milano? ¿contra el injusto mundo qué hará débil mujer?

Un voto, (que hizo al cabo supersticion impía) á odiosa la condena y eterna reclusion… Cuando ella enamorada lamenta noche y dia el ídolo perdido que adora el corazon.

¿Qué ha sido de Don Cesar? ¿quién fue, ¡contrario infame! de la nocturna cita el miserable autor? En vano es que le busque, en vano que le llame, acaso las montañas son tumba de su amor.

¡Terrible fué el combate! tremendo era el ruido que por las huecas peñas cruzía sn cesar: de las descargas recias el cóncavo estampido no puede de su mente ni oidos desechar.

¡Ay! vió los prisioneros; ha visto los heridos; mil veces de la lucha oyó la relacion; no dan los vencedores, no tienen los vencidos noticias del que adora su triste corazon.

Las noches pasa enteras velando en su ventana, los ojos en la selva por si le ve llegar; y acláranse las sombras, y apunta la mañana, y á quien aguarda ansiosa no llega á su pesar.

Si la ama cuando sabe que abandonada queda, cuando su amor oculto tal vez le confesó, ¿será que desprenderse de sus promesas pueda? ¿será que solo quiso escarmentarla? ah, no.

Que oyó las decididas palabras generosas que dirigió á Don Carlos de su ventana al pie. Cuando dejar ansiando sus cuevas montañosas pidió su mano en prenda de su futura fe.

Y asi camina á ciegas la niña enamorada, asi Beatriz navega el mar de su pasion. Batida de los vientos, de escollos circundada su mísera barquilla sin vela y sin timon.

¡Tal es de las pasiones el lóbregro misterio, el mar desconocido de nuestra suerte tal! Amor nos lleva á ciegas por su escabroso imperio, y llama paraiso lo que es un arenal.