Versos Spanish José Zorrilla 21

Spanish poem

21

by

Listen in the reader

Más allá de la torre de Comares, De la Alhambra rëal siguiendo el muro, Recuerdo de los blancos alminares De Damasco y esbelto cual seguro, Dominando alamedas seculares De frescas sombras y de ambiente puro, Se alza un torreoncillo de arabesco Estilo, aéreo, blanco y pintoresco.

Su cabeza gentil no se levanta Coronada de sólidas almenas. Ni su robusta construcción espanta Con aspilleras de espingardas llenas. Defiéndenle no más soledad santa Y quietud misteriosa, y bien agenas De apariencia marcial, siempre cerradas Sus celosias con primor caladas.

Tal vez despide al despuntar el día En espirales mil humo de aromas Oual pebete oriental su celosía: Tal vez los ecos de las verdes lomas Despierta por la noche la harmonía De los cantos que ecsala, y las palomas Y aves, á quienes place su murmullo. La aduermen con sus trinos y su arrullo.

Es esta torrecilla solitaria Un sagrado alminar, y su clausura Destinada no más á la plegaria De la mañana, goza el áura pura Del valle y la extensión y vista varia De la vega feraz desde su altura. Es el mirab del rey do sólo él ora, Y tal vez la muger que le enamora.

Hoy, con escarnio de la Fé, le habita, Transformando en harén de sus amores El alminar de la oración bendita Y en camarín de sueños tentadores, Zoraya, la insolente favorita: Destinando sus áureos miradores De su ocioso mirar para recreo, Para atalaya de su vil deseo.

Alcánzase desde ellos la sombría Torre que guarda á la rival sultana, Y ella afanosa sin cesar espía Desde allí la prisión de la Africana. Por eso ocupa el mirador que impía Con su presencia criminal profana: Mas Dios á su rival tendió la mano Y ya, libre Boabdil, la espía en vano.

Sobre campo y ciudad el delicioso Mirab descuella como herguida palma; Y es en verdad lugar maravilloso Para elevar al Criador el alma, Ya del alba temprana en el reposo, Ya de la noche en la apacible calma: Y el Moro y el Judío y el Cristiano Ten desde allí del Criador la mano.

¡Quién no te cree, Señor, quién no te adora Cuando, á la luz del sol en que amaneces, Ye esta rica ciudad de raza mora Salir de entre los lóbregos dobleces De la nocturna sombra, y á la aurora Abriendo sus moriscos ajimeces Ostentar á tus pies lozana y pura, Perfumada y radiante su hermosura!

Yo te adoro, Señor, cuando la admira Dormida en el tapiz de su ancha vega; Yo te adoro, Señor, cuando respiro Su áura salubre que entre flores juega; Yo te adoro, Señor, desde el retiro De esta torre oriental que el Dáuro riega; Y aquí tu omnipotencia revelada, Yo te adoro. Señor, sobre Granada.

¡Bendita sea la potente mano Que llenó sus colinas de verdura. De agua los valles, de arboleda el llano, De amantes ruiseñores la espesura, De campesino aroma el aire sano. De nieve su alta sierra, de frescura Sus noches pardas, de placer sus días Y todo su recinto de armonías!

Yo te conozco ¡oh Dios! en los rumores Que á este árabe balcón me trae el viento Perfumado entre pámpanos y flores, Y armonizado con el grato acento De las aves de abril. Tantos primores Producto son de tu divino aliento; Porque á tu aliento creador se aliña Con sus mejores galas la campiña.

Tú soplas ¡oh Señor! desde la altura Y saltan los collados de alegría, Y se cubre de flores la llanura, Y se llenan los bosques de armonía, Y se aduermen las aguas en la hondura, Y sin nublados resplandece el día: Que en tus ojos la vida reverbera Y es tu aliento, Señor, la primavera.

Y no hay región recóndita en el mundo En donde más tu majestad se ostente, Donde sea tu aliento mas fecundo. Ni la tierra en tu prez mas diligente. Señor, tú estás aquí; tú en lo profundo Brillas aquí del corazón creyente; Tú estas aquí; tu trono y tu morada. Trás este cielo azul, sobre Granada.

Dame ¡oh Señor! de querubín aliento, Porque pueda esta vida transitoria Emplear en cantar con digno acento En medio de este edén tu inmensa gloria: Y al lanzar desde aquí mi voz al viento Dando á Granada su oriental historia, Purifique, Señor, mi arpa cristiana El impúdico harén de una Sultana.