Versos Spanish José Zorrilla 21

Spanish poem

21

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Don Diego, desde que vino a Vidiago a establecerse, simpático supo hacerse con todos por buen vecino;

y cuando en viaje no andaba por su tráfago y asuntos, a uno o a los tres juntos a su mesa convidaba

tres amigos cada día: al cura don Gil Merás, al escribano don Blas y al doctor don Luis de Eguía.

La noche, pues, que llegó cenó Fermín con los tres, y de Méjico después de sobremesa se habló.

Fermín se había hecho otro hombre del que fué muy diferente; no traía, era evidente, del que se fué más que el nombre;

prudente, atento, formal, de esmerada educación, de seria conversación, en suma, un mozo cabal.

Expuso con mucho tacto su posición con su tío; que era alegre, pero frío en los negocios y exacto

por demás: de gran sentido práctico, de muy profundo conocimiento del mundo y del corazón: metido

en la sociedad de fuero y blasón por su nobleza astur, y por su riqueza minera en la del dinero.

Fundó su condición brava y tesón autoritario en el rigor necesario con la gente que empleaba;

y explicó su casamiento como el más sencillo caso, y el solo y preciso paso para su establecimiento.

Su mujer, dijo, era hermana de la de su tío, y era de las dos la mina entera con que aquél millones gana.

Dijo el tío: «de dos una: o la tomas por mujer, o a Asturias te hago volver a que chifles a la luna.»

«Mucho, en verdad, me costó; más de año y medio luché… creo que decir por qué no necesito aquí yo.»

Y dijeron todos: «no», y él dijo: «así me casé» y de ello más no se habló, y no había para qué.

Y el cura, que es campechano, y el doctor que bebe mucho, y don Blas, que muy machucho tampoco es, aunque escribano,

brindaron por su mujer, y volvieron a brindar, y estaban en tren de estar brindando hasta amanecer.

Mas Fermín, que era muy otro del que era a Méjico al ir, dijo que se iba a dormir; y era que estaba en un potro

temiendo a su padre ver, y con él a amigos tales, de juicio poco cabales por honrar a su mujer.

Salvóse, pues, el honor: y de allí calamucano no salió ni el escribano, ni el capellán, ni el doctor.

Padre e hijo se encerraron en su cuarto cada cual: pero Fermín durmió mal; mil recuerdos le asaltaron

en aquel cuarto en tropel, ¿Por qué su padre vivía en una casa en que había tantos tristes para él?