Spanish poem
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Don Diego, desde que vino a Vidiago a establecerse, simpático supo hacerse con todos por buen vecino;
y cuando en viaje no andaba por su tráfago y asuntos, a uno o a los tres juntos a su mesa convidaba
tres amigos cada día: al cura don Gil Merás, al escribano don Blas y al doctor don Luis de Eguía.
La noche, pues, que llegó cenó Fermín con los tres, y de Méjico después de sobremesa se habló.
Fermín se había hecho otro hombre del que fué muy diferente; no traía, era evidente, del que se fué más que el nombre;
prudente, atento, formal, de esmerada educación, de seria conversación, en suma, un mozo cabal.
Expuso con mucho tacto su posición con su tío; que era alegre, pero frío en los negocios y exacto
por demás: de gran sentido práctico, de muy profundo conocimiento del mundo y del corazón: metido
en la sociedad de fuero y blasón por su nobleza astur, y por su riqueza minera en la del dinero.
Fundó su condición brava y tesón autoritario en el rigor necesario con la gente que empleaba;
y explicó su casamiento como el más sencillo caso, y el solo y preciso paso para su establecimiento.
Su mujer, dijo, era hermana de la de su tío, y era de las dos la mina entera con que aquél millones gana.
Dijo el tío: «de dos una: o la tomas por mujer, o a Asturias te hago volver a que chifles a la luna.»
«Mucho, en verdad, me costó; más de año y medio luché… creo que decir por qué no necesito aquí yo.»
Y dijeron todos: «no», y él dijo: «así me casé» y de ello más no se habló, y no había para qué.
Y el cura, que es campechano, y el doctor que bebe mucho, y don Blas, que muy machucho tampoco es, aunque escribano,
brindaron por su mujer, y volvieron a brindar, y estaban en tren de estar brindando hasta amanecer.
Mas Fermín, que era muy otro del que era a Méjico al ir, dijo que se iba a dormir; y era que estaba en un potro
temiendo a su padre ver, y con él a amigos tales, de juicio poco cabales por honrar a su mujer.
Salvóse, pues, el honor: y de allí calamucano no salió ni el escribano, ni el capellán, ni el doctor.
Padre e hijo se encerraron en su cuarto cada cual: pero Fermín durmió mal; mil recuerdos le asaltaron
en aquel cuarto en tropel, ¿Por qué su padre vivía en una casa en que había tantos tristes para él?