Spanish poem
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Yo conozco, lector, que otro en mi casa Procuraría en la ocasión presente Escribirte un capítulo en que acaso Luciría su ingenio grandemente, Contándote muy bien paso por paso Todos los que avanzó su amor naciente. Las primeras y extrañas impresiones Que sintieron sus tiernos corazones: El rubor virginal de la muchacha Al percibir tan nuevas sensaciones; El reprimido anhelo del mancebo, Que esquivaba de amor picar el cebo, De Rosa osar, bajo el paterno techo, A entrar audaz en el tranquilo pecho: Las dudas, el afán, las ocasiones Que a comprender su amor les ayudaron: Las miradas, las frases, las acciones Conque su amor al fin se declararon: Todo esto era en verdad lo muy bastante Para hacer un capítulo brillante; Yo soy, empero, de opinión contraria. Y esto por dos razones: la primera Porque esta descripción no es necesaria, Pues en el día de hoy sabe cualquiera Cómo naturalmente el amor nace En dos almas simpáticas, aisladas Y en continuo contacto colocadas; Cómo aquel amor niño grande se hace; Cómo en la soledad se robustece; Cómo en estas dos almas se entroniza Y, elevado a pasión, se fortalece, Las subyuga, y al fin las esclaviza. Pero estas impresiones se reciben En el alma, lector: jamás se escriben; Porque es d Dios la omnipotencia suma Quien en las almas grandes las inspira, Y en lo que inspira Dios, a Dios se admira: Pero no hay alma de tan fuerte pluma Que se alce al aire donde Dios respira. Dios dio a los brutos el brutal instinto De la procreación, el cual existe En el cuerpo no más: pero dio al hombre, Cuyo cuerpo es corteza que reviste Su alma, un sentimiento muy distinto, Todo celeste, espiritual, con nombre “De amor”: mas no carnal, vil y grosero, Como el instinto material del bruto, Sino de su alma noble noble fruto Que su divino ser absorbe entero. Quien por ignobles vicios estragado En el cieno social viviendo hundido, Este amor celestial nunca ha abrigado En su alma espiritual, jamás ha amado. Siempre como los brutos ha vivido, Y es para mí un ser vil y degradado. Es un hombre sin alma, un ser echado Del paraíso con Adán, proscrito Del celestial Edén, que no ha lavado Su alma de aquel original delito, Y para quien mi libro no está escrito. Quien este amor del alma no comprenda, Quien solo pueda lúbricas pasiones Comprender… al llegar a estos renglones Que no lea uno más de mi leyenda. Una de estas pasiones Dios la enciende, Dios en dos almas nobles la radica Y es eterna. ¿Por qué? Lo certifica La existencia del hecho: lo comprende El alma: la razón no nos lo explica. Todo en el hombre es fútil, pasajero: Cuanto nace con él, perecedero: Todo es móvil en él: todo varía En su naturaleza cada día: Forma, carácter, gusto, afán, instinto, Todo en él por edades es distinto: ¿Por qué hay a veces hombres y mujeres Que nacen con un alma destinada A una pasión voraz, única, eterna? Si hay alguno a quien esto le concierna, Que te explique la esencia de estos seres: Yo de misterio tal no entiendo nada. La pasión de que trata este relato Es una de esas únicas: su esencia No pretendo explicar: tan solo trato De consignar los hechos, consecuencia De esta pasión que a lo común excede. Por eso de este amor paso por paso Las situaciones mi talento escaso Renuncia a describir: porque no puedo. Rosa y Carlos se amaron: es el hecho. ¿Cómo creció su amor? Dios, que lo hizo, De su amor la razón puso en su pecho. No sé causas: efectos garantizo.
La segunda razón que yo he tenido Para no describirte uno por uno Los pasos de su amor, es que he creído, Además de ser cuento algo importuno, Que no debo, lector, sin que te ofenda, Suponerte tan falto de sentido Que tu pobre cacumen no comprenda Que don Carlos y Rosa, al presentarse Como protagonistas de leyenda, Tienen en ella precisión de amarse. Porque, ¿qué diablo de papel hacía Si en esta situación no se querían? Y sin su amor, ¿cuál era el argumento? ¿Sobre qué iba a girar mi pobre cuento? Así, pues, buen lector, debe bastarte Saber que al fin de un año (que voy a suprimir para no hartarte De amorosos coloquios, Y tiernos soliloquios), No debes de encontrar nada de extraño En que en su posición, Carlos y Rosa Una mutua pasión se profesaran Tanto más exclusiva y poderosa Cuanto más cada vez la alimentaran Su ardiente y juvenil naturaleza, Su fe, su soledad y su tristeza. Y un año entero de pasión, nacida En soledad, y en soledad nutrida, Puede ser en dos tiernos corazones Una de esas tiránicas pasiones Que duran de una vez toda la vida.