Spanish poem
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Veinte años después regía Luis el Piadoso el imperio, y el más profundo misterio el castillo guarecía.
Guardábanle las montañas en su virgen espesura, cual madre a la criatura pedazo de sus entrañas.
Las selvas que de maleza salvaje se enmarañaron, de la tierra segregaron de Waifro la fortaleza.
Enhierbados sus senderos, no hallaron ya a él caminos ermitaños, peregrinos, juglares ni aventureros.
Y como a dar no volvió de la tierra al poder guerra, de su raza y de él la tierra sin miedo ya, le olvidó.
¿Qué era de él? ¿Quién le vivía? ¿Quién alzaba aquel son vago que despertaba del lago ecos en la aura vacía?
¿De quién era aquel acento que oyó algún pastor tal vez la nocturna lobreguez rasgar en alas del viento?
¿Por patios y corredores, echadas de tierra y cielo, lloran su eterno desvelo las almas de sus señores?
¿Arrastran por sus incultos bosques y oscuras crujías tras sí sus almas impías sus espectros insepultos?
¡Quién sabe! El aire a intervalos exhala sones de vida detrás de aquella extendida cortina espesa de palos.
Mas lo que interrumpe a veces de su silencio la calma, no son lamentos de un alma que pide póstumas preces;
no es el temeroso son de la voz de las leyendas con que puebla las viviendas precitas la tradición:
es el rumor halagüeño de un tierno cantar de amores, como el de los ruiseñores que guardan a la hembra el sueño.
Es la voz de un alma henchida de tiernísima pasión, que demanda un corazón que abra el suyo a nueva vida.
Es la voz que a todo ser infunde naturaleza en cuanto el amor empieza a sentir en sí nacer.
Es la frase no aprendida que instintivamente sabe la alma a quien la pena cabe de querer y ser querida.
Es la voz de una mujer que, su amor cantando, acata la ley imperiosa y grata de ser querida y querer.
¿Quién será la que a intervalos canta, así de amor herida, detrás de aquella extendida muralla espesa de palos?