Spanish poem
A mademoiselle de N
Dios puso en su garganta la misma voz que inspira al pájaro que canta y al aura que suspira. El eco de su acento remeda el son suave del susurrar del viento y del cantar del ave. Si Dios privado hubiera de claridad mis ojos y verte al escucharte no pudiera, los dulces ecos de tu voz creyera de una ilusión quiméricos antojos.
¿Oís ese murmullo que llega a nuestro oído cual amoroso arrullo de tórtola que llama desde el suspenso nido al pájaro que ama? Pues es su dulce acento: su voz que es más suave que el susurrar del viento y que el cantar del ave.
¿Oís esa armonía que el ánimo embebece y cuyo son parece mejor que voz humana, melodía de ruiseñor que en la floresta mora y cuyo canto al despuntar la aurora la luz bendice del naciente día? Pues es su dulce acento, su voz mucho más suave que el susurrar del viento y que el cantar del ave.
¿Oís ese sonoro encantador susurro que semeja al de las alas de oro de la afanosa abeja, que de la miel buscando el virginal tesoro de una en otra flor pasa volando y ya las acaricia, ya las deja? ¿De dónde se os figura que nace ese sonido, ese rumor de armónica dulzura que encanta nuestro oído? Pues nace de su acento, de su voz que es más suave que el susurrar del viento y que el cantar del ave.
FIN